Una gran Biblioteca

Carmen Villanueva Cueva.- Esta vez, aunque me refiera a un secreto, que nunca lo ha sido, he de confesar que para redactar estas líneas he tenido que realizar varias gestiones. Y como en mi anterior aportación a nuestro periódico dije que el siguiente artículo iba a tratar de una Biblioteca en el Monasterio deseo aclarar en primer lugar que no se trata –evidentemente- de la Biblioteca que el rey Felipe II ya ideó, construyó y procuró enriquecer desde el primer momento con toda clase de maravillas que por todos son conocidas, como son la Sala Principal con sus geniales pinturas al fresco y una serie muy importante de manuscritos, libros y numerosos documentos, que posteriormente se ha ido aumentando su número más y más.
En este mismo periódico salió una entrevista que se hizo al actual bibliotecario de la Biblioteca Real Filipina, P. José Luis del Valle, quien a su ingente y continuado esfuerzo se une el ser ahora también Prior de la Comunidad Agustiniana, yo confieso que por mi parte cuenta con mi especial admiración, y aprovecho este momento para invitar a todos los que trabajamos en esta ilusionante publicación, nos unamos en su favor con una merecida y cordial felicitación. Bueno, pues vuelvo a lo que hoy deseo dar a conocer a los lectores. Empecemos por ubicar o dónde está esa Biblioteca de la Comunidad agustiniana. Está situada a pocos pasos de la anterior, es decir, su entrada y sus variadas salas y dependencias están situadas en el claustro del segundo piso del Monasterio en la zona cuyos balcones y ventanas dan al Patio de Reyes. Ah, perdón… debemos dirigirnos previamente, como personas bien educadas, a donde se encuentra la habitación o despacho en que trabaja con orden y esmero el P. Mario Tomas Fernández, Bibliotecario de la que es Biblioteca de la Comunidad del Monasterio.
Hace pocos días que tuve la oportunidad de comprobar su afabilidad, pues él personalmente me enseñó todas las dependencias bien adecuadas y los ejemplares bien colocados y fácilmente ubicados. Tengo que mencionar que el P. Mario lleva muchos años en la labor cotidiana de atender todas las exigencias que es necesario prestar a toda Biblioteca. Él es quien me enseñó todas las estancias que ocupa. La primera, cuyos balcones, -balcones herrerianos- dan al Patio de Reyes es la Sala de Lectura, donde se encuentra la famosa Colección de Patrología latina y griega, conocida por el nombre de su promotor, Migne, en el siglo XIX, con más de 200 tomos, que sigue manteniendo su actualidad, pues las más modernas ediciones “críticas” se editan con demasiada parsimonia por el trabajo que exigen y, como es lógico, alta financiación. En esa sala principal, o de lectura, puedes consultar toda serie de Diccionarios de Teología, Filosofía, Historia, y Humanidades. Creo recordar que eran tres balcones que dan al Patio de Reyes, de igual modo que tres o cuatro salas más reducidas que contienen especiales publicaciones y concretas materias. Por ejemplo se encuentran los volúmenes publicados por la actual y moderna Editorial Biblioteca de Autores Cristianos con 1.200 volúmenes. Puedes encontrar fácilmente, consultando el ordenador en que trabaja el P. Mario Tomás Fernández, lo que ha escrito el agustino Fray Luis de León o cualquier otro autor que te pueda interesar. Enfrente a esta Sala hay un gran Depósito con más de 100.00 volúmenes. Al abrir esta sala lo primero que se encuentra son estanterías con múltiples revistas perfectamente catalogadas, no solo “La Ciudad de Dios”, “Revista Agustiniana” revistas de Pastoral y otras de las más variadas Universidades y Centros Universitarios de España y extranjero. Esta Sala, o Depósito de libros consta de dos pisos con estanterías repletas de libros, con una altura asequible. En el segundo piso las estanterías tienen unos 3 o 4 metros accesibles con una escalera
Es un mundo lleno de Ciencia y Religión que se conserva bien dispuesto a comunicarse con un aguerrido mortal, con entrañas inquietas por la Sabiduría. Inclusive en esta Biblioteca hay unos cuantos incunables. Es imposible reducir a unas líneas el valor de esta Biblioteca. No quiero dejar de mencionar el espíritu agradecido de la Comunidad Agustiniana porque en una de las paredes de la Biblioteca se señala a importantes donantes: San Antonio María Claret (año 1885), Monseñor Tomás Cámara, (OSA 1904), Mister James FitzmauriceKely (1923), Monseñor José López Ortiz (1992), y el profesor universitario D. Nicasio Salvador Miguel (2008).
Podría extenderme mucho más, pero termino dando infinitas gracias al P. Mario Tomás.




