Un paseo por San Lorenzo

A.M.R.- En una de las tertulias que tanto nos gustan, sobre todos a los españoles, y que son muy habituales y comunes después de una buena comida de amigos, bien por la cervecita, el vinillo o, por qué no decirlo, nos liberamos de muchos prejuicios y surgen facetas críticas sobre el hacer político incluido, ya lo siento, el municipal en ciertos aspectos como pueda ser la poca agilidad a la hora de solventar algunos temas que, da la casualidad, mueven la economía y dan salud al municipio. No voy a entrar en detalles. Al menos deberían hacérselo mirar, ahí lo dejo.
Soy un defensor de este maravilloso pueblo, discrepaba de algunos puntos de vista de algunos de los comensales al respecto…
Para corroborar algunas de estas críticas, decido dar un paseo por las calles más representativas del casco antiguo de San Lorenzo. Para empezar, dejando por un momento el Monasterio, me sitúo en el lugar más representativo del pueblo: el Ayuntamiento y su preciosa plaza de piedra de granito, a semejanza con el entorno monumental, rodeada de bares, restaurantes y comercios, que considero con un buen nivel, en general.
Se construyó siendo alcalde D. Salvador Ámela Navarro en 1950, se puso la última piedra el tres de mayo de 1955. Salimos a la calle del Rey justo enfrente del mercado y el precioso callejón del Repeso que, con su reapertura, se ha ganado muchísima luminosidad.
Seguimos por la calle de las Pozas; nombre que le viene por las pozas que el agua de lluvia provocaba al estar en la ladera de la montaña. Es una de las calles más transitada, con encanto de pueblo serrano; no es muy comercial, más bien residencial, aunque hay algunos comercios de todo tipo. La construcción de las casas se ha ido amoldando a los tiempos respetando siempre el estilo que requiere el entorno, como no podía ser de otra manera.
Subiendo por ella llegamos hasta la parroquia, un templo relativamente moderno y de bonita construcción, (en este mismo lugar antes que la iglesia estuvo el matadero), hasta cruzarse con la calle Cañada Nueva -quizás la calle más empinada de las muchas que tenemos, de hecho hace algunos años había escaleras para su tránsito peatonal-.
Las vistas desde esta calle son espectaculares. Si miras hacia arriba, ves la montaña del Abantos con ese pinar tan hermoso que tanto disfrutamos; hacia abajo se divisa El Escorial y su majestuosa iglesia de San Bernabé: el templo hermano del monasterio, joya arquitectónica declarada monumento nacional en 1983, cuya construcción fue promovida por el propio Felipe II. Más allá, avistamos el embalse de Valmayor, algunos pueblos que se asoman por las extensas llanuras y, de fondo, la ciudad de Madrid y las cuatro torres más altas de su skyline.
Seguimos bajando hasta la calle San Juan, (antes de llegar a la carretera de Guadarrama o calle Juan de Toledo). A la derecha, haciendo esquina, nos encontramos con un conjunto de casas adosadas: las pérgolas -preciosas-, con un jardín interior comunitario muy agradable. Subimos por esta calle y a la izquierda están la estación de autobuses y, al fondo, el colegio de San Lorenzo, ya en la zona peatonal de la calle Juan de Leyva.
A la derecha, la casa del Marqués de Campo de Villar, encargada al arquitecto Juan de Villanueva en 1773 por D. Alonso Muñiz Manjón, Marques de Campo Villar y mayordomo de Carlos III. Justo enfrente las Cocheras del Rey con exposición de carruajes de la época, Carlos III 1771.
Seguimos la peatonal con la calzada empadrada con adoquines y bancos de piedra para el relax y el disfrute del paseante ya sea turista o lugareño, decorada con hermosas jardineras, tiendas de souvenirs, terrazas de bares y restaurantes, para darnos de frente con la legendaria carnicería de Barcala, con su vaquita en la puerta, y la tienda de enseres de caza y artículos de piel dedicado a los arreos y monta del caballo. Estamos en la calle Duque de Medinaceli.
A la derecha, en paralelo a Juan de Leyva, otra calle con historia: Duque de Alba, realizada en 1773 por Manuel Machuca. El edificio fue encargado por el Duque de Arcos. Su hija la XIII Duquesa de Alba se convierte en propietaria en 1784. Seguimos calle arriba por Duque de Medinaceli y nos encontramos unas escaleras de piedra que desembocan en una plazoleta también de piedra -un bello rincón con sus hermosos castaños, refugio del calor en verano-, del que diría que le falta un poco de atención. Incluso tiene una terraza que la atiende bar “El Peque”, curiosa forma de darle servicio, le pilla un poco a trasmano y los propios clientes hacen de camareros, salvo en días especiales.
Seguimos a la derecha por la calle Juan de Austria hasta desembocar en la calle San Antón y, a la izquierda, llegando a Calvario, se encuentran a ambos lados varias calles estrechas y diseñadas de aquella manera, en tiempos en los que no se cuidaba la uniformidad y el paralelismo en la construcción -algo normal, que pasa en todos los pueblos y que también tiene su encanto-. ¿Quién pensaba entonces en el tráfico de coches que hay hoy en día?
Es sobre estas calles de esta parte del centro sobre las que se vierten las referidas críticas, con respecto a su limpieza y cuidado.
Seguimos bajando por esta calle de San Antón hasta Floridablanca; sin duda, la calle más bonita e importante del pueblo. Giramos a la derecha e imponente luce el Hotel Miranda, todo un clásico, seguido del teatro Carlos III, una joya, y justo enfrente, a la izquierda, la segunda Casa de Oficios con sus patios, donde se alberga la Casa de la Cultura con diferentes espacios -salas de música, exposiciones de arte, fotografía, etcétera-.
A continuación, nos topamos a la izquierda con la calle Grimaldi, de pronunciada pendiente empedrada y peatonal que, bajo un arco, permite avistar el Monasterio y, a la derecha, los Jardincillos, como le decimos los lugareños, o plaza de Jacinto Benavente, con la estatua del escritor en un espacio ajardinado y estancial, bajo magnolios y pinsapos, con la fuente en su fondo y sus escalinatas que nos devolverían por Reina Victoria y sus soportales hasta el Ayuntamiento. Si bien, continuamos el paseo hacia la parte alta de Floridablanca.
A la derecha los quioscos de toda la vida, con bares y venta de libros de lo viejo y, justo enfrente, el Santuario de Nuestra Señora de Gracia, al que se accede por un recoleto patio, y un poco más adelante, la casa de Jacometrezzo, una de las escasas edificaciones del siglo XVI probablemente la más antigua del pueblo, con sus muros de sillares de piedra rematados con una cornisa de cantería.
Se cree fue construida como residencia de este escultor y lapidario, que realizo el tabernáculo de la basílica del Monasterio. En tiempos no muy lejanos (años 50,60,70) hubo un hotel; el “JARDIN” se llamaba. Lo regentaba una de las familias con más tradición hotelera del municipio. Como dato diré que tenían relación familiar con el posterior hostal Cristina. En este hotel JARDIN empezó la profesión de cocinero José Manuel, chef y propietario del antiguo restaurante Parrilla Príncipe. En mi opinión, el mejor restaurante de San Lorenzo en sus mejores tiempos.
Una consideración más sobre este edificio y jardín me da mucha pena ver abandonado este espacio que en sus tiempos fue uno de los mejores y con más clase hotelera.
Subimos hacia la derecha hasta la calle Alarcón, donde está en centro de salud San Carlos, antes Hospital de la Alcaldesa, siendo alcaldesa de honor Doña Carmen Polo. El 13 de mayo del 2022 recuperó el antiguo nombre de San Carlos. Llegamos al punto de partida plaza del Ayuntamiento. Fin del paseo y ¡magnifico paseo!
Con respecto a los comentarios sobre limpieza y cuidado de las calles, no estaría de más que el Ayuntamiento tomara buena nota, siempre se puede mejorar, por el bien común de todos.




