Un paseo por los recuerdos de Los Escoriales

José Ruiz Guirado.- EN esta misma publicación se dio puntual nota del trabajo de José Rodríguez Díez (O.S.A), en la que se diferencia (para quienes no son de aquí y lo desconocen) los tres Escoriales: La localidad de San Lorenzo El Real del Escorial, la de la Leal Villa del Escorial y el Monasterio de San Lorenzo del Escorial. No obstante, un servidor aconseja leer este excelente y exhaustivo ensayo.
Puestos ya mirando al Monte de Abantos o al Monte del San Benito desde la antesala de su Monasterio (su amplia Lonja), quizá desde uno de sus ilustres convecinos, don Manuel Azaña, hubiera de que aquel lugar era de extraordinarias dimensiones. Miguel de Unamuno la compara con la Meca, sugiriendo que es un lugar de peregrinación intelectual y espiritual. Viendo en el significado como un sitio que debe ser visitado por su valor histórico y cultural, similar a un destino de peregrinación para formarse una opinión. Conocemos, por quienes lo han visitado, la impronta de su impresión.
En esta ocasión, lo hace alguien a quien llevaron en brazos sus padres. Y, esta tarde de lluvia, después de muchas décadas ya a sus espaldas, no se le ha ocurrido mejor cosa que pensar en ello. No puedo decir qué sentiría en aquel momento al contemplarlo. Sí sé decir que hoy, los recuerdos me pueden llevar. Incluso, cruzar sus portones e, instalarme en cualquiera de sus rincones y recovecos. Y desde allí dejar que cualquiera de los sentidos elijan, desde escuchar el órgano, un canto gregoriano; o las explicaciones de un guía cualquiera a los visitantes: “Como si del cielo viniera”, El Cristo de Cellini podemos encontrarlo en este lugar”.
No podemos olvidarnos que en el título que encabeza este “breve”, lo nombramos “Los Escoriales”. Por tanto, no nos queda otra que acercarnos al Escorial, pasando por la Fresneda. Que fuera en el siglo XVI Parque y Palacio. Hoy día aquella Quinta de recreo adyacente al Monasterio del Escorial como el jardín privado para la familia real para lo cual adquiere a sus cinco propietarios el pueblo y las tierras de la Fresneda, lo conocemos por la Granjilla. Pero esto no viene a ser nada nuevo, que no sea de sobra sabido. Nos hemos dado un paseo por los recuerdos y lo hemos traído a colación. Al menos nos puede valer de muletilla para justificar a este aprendiz de cronista. Es cierto que está mucho dicho. Eso no quiere decir que no haya que acudir a las investigaciones del amigo y profesor Gregorio Sánchez Meco; quien en cualquier momento nos puede ilustrar y sorprender con un descubrimiento nuevo.
Llegados a este punto, no sabe uno si pedir disculpas o continuar con su paseo. Porque está convencido de que no va decir nada nuevo, ni nada viejo. Y no le va a quedar más remedio, para salir del aprieto que recordar a vuela pluma, a alguna de las figuras que aportaron dato interesante. Pero me encuentro en un brete: se ha publicado tanto, diverso, acertado. ¿Voy a ser capaz de recordar en las pocas líneas que me quedan de recordar a tantos, dejándome en el tintero a muchos más? Eso lo puedo, ni debo, ni están mis posibilidades al alcance de ello. Eso me ha hecho recordar una frase de Ovidio, que más o menos venía a decir esto: “Mire al autor si están sus posibilidades…”.
No. Zapatero a tus zapatos. Hemos llegado hasta aquí. Hemos recordado algunos momentos de Los Escorial, con la nostalgia del paso del tiempo y de la distancia. ¿Para qué más? Hemos visto dar la curva el Sol en su recorrido, de una punta a otra. No es poco llevar en la retina los recuerdos de este lugar insólito. Ni sus aromas serranos: romero, espliego y tomillo.




