Todos los caminos conducen a… los Escoriales (y II)

Litografía de N. Chapuy de 1844
VICENTE MANUEL ROSADO.- El progreso continuaba, y bien entrado el siglo XVIII, tal y como apuntábamos en anterior crónica, fue el siglo del desarrollo de los caminos existentes, y para ello, frecuentemente, los caminos eran reparados para facilitar el paso por ellos, que en el caso de los reyes, Norberto Caino, en 1759 “Lettere d’un vago italiano ad un suo”, en el relato de su viaje a El Escorial, reseñaba que el camino se refrescaba antes del paso de la comitiva real referido a Fernando VI, y con estas palabras: “El 8 por la tarde (…) salí de Madrid para a El Escorial, que no está alejado más de siete leguas. Tenía una calesa bastante mala, tirada por mulas: apenas había salido de la villa cuando el rey y la reina me alcanzaron con una serie de nueve coches de seis caballos, y pasaron ante mí como una exhalación (…) A favor de esa diversión de sus majestades tuve en el espacio de algunas millas un camino fresco, porque lo habían regado para ellas. Para aprovecharme de ella anduve hasta media noche” (Viajes de extranjeros por España y Portugal, García Mercadal, vol. III, pág. 421).
El 23 de febrero de 1764, Manuel de Navacerrada confecciona un mapa titulado “Mapa de los terrenos de la comprensión desde Madrid a Guadarrama y el Real Sitio de San Lorenzo para la determinación de nuevos caminos” (Servicio Geográfico del Ejercito, Secc. Documentación, sig. 129). La elaboración del mapa demuestra que se estaban intensificando las mejoras a realizar y las alternativas. Galapagar comenzaba a ser una buena opción, que posteriormente y con el tiempo se afianzaría como ruta principal.
Antonio Ponz en su “Viage de España”, tomo II, publicado en 1788, comenta “Encontré entre la Villa del Escorial, y el Monasterio ocupada mucha gente en la construcción de un grande, y sólido camino, como de un quarto de legua” (Carta I, pág.2), refiriéndose a la carretera de la Estación y Avda. Reyes Católicos. En la misma carta más adelante cita “No solamente el camino, que la Comunidad del Escorial ha costeado, superando muchas dificultades en aquel cuarto de legua de que se hace mención en esta Carta, está ya perfectamente concluido, sino el que de orden del Rey se ha construido en lo restante de las siete leguas, que hay desde Madrid al Escorial; en cuyo distrito se han fabricado varios puentes, y es el principal el del arroyo del Tercio” (Carta I, pág.8). Quedaba de manifiesto que el puente más importante era el del Tercio, proyectado en el año de 1768 por el ingeniero Marcos de Vierna y construido por el maestro de cantería Gabriel Varela al resolverse el paso por Galapagar como la vía principal a El Escorial, y posteriormente en 1780, la construcción del soberbio de Retamar.
Hacia 1790, un plano de Francisco de Hita muestra la mejora del trayecto desde Las Rozas, estando como camino pavimentado desde Madrid a Villacastín pasando por Galapagar y también el ramal desde Galapagar hasta El Escorial. Otro trayecto que se consolidó, aunque ya se encontraba trazado, era el que llegaba desde Guadarrama. En el Archivo General de Palacio hay una extensa documentación de la obra realizada, conjuntamente con los informes cruzados entre el Secretario de Estado Grimaldi y el Director General de Caminos Marcos de Vierna durante los años 1768 y 1769, fechas en las cuales también fueron construidos los conocidos puentes sobre los arroyos guateles existentes en la actualidad (el de pocos metros antes de la puerta del valle de Cuelgamuros, y el de pocos metros antes del acceso a la AP-6). En 1788, veinte años después, Juan de Villanueva confecciona un plano con el proyecto a mejorar el camino desde “la calle de la Ballestería” (plaza de la Virgen de Gracia) hasta unirse “con el camino antiguo que desde el mismo Sitio conduce a El Campillo y Guadarrama” (rotonda del Hospital El Escorial). En dicho plano se observan ya los itinerarios mencionados tal como les conocemos en la actualidad (Archivo General de Palacio, plano 718, Reales Sitios).
Durante el reinado de Carlos III se impulsó los “Correos o Postas”, teniendo fiel reflejo en las construcciones que se realizaron en el camino desde Madrid. En éste se mejoraron los accesos y “También se han fabricado tres casas de Posta en el expresado camino, para comodidad de los que ván al Sitio, quando S.M. reside en él” (Antonio Ponz, ob.cit., pág.8). Aún en 1830, el trayecto se continuaba haciendo en cuatro “postas” (paradas): “De Madrid a Las Rozas 8 leguas, … al puente de Retamar 2, … a Galapagar posta 1,5, y … a El Escorial 2 más” (Guía General de Correos, Postas y Caminos del Reino de España, Cabanes, Francisco Javier de).
La guerra de la Independencia trajo consigo el deterioro de los caminos por falta de atención, aunque ya durante décadas anteriores, el insuficiente interés por parte de la Administración, también contribuyó a ello. Tan solo resaltar algunas intervenciones durante el reinado de Fernando VII en itinerarios concretos y alguna reparación de puentes deteriorados.
Según un plano francés de A.H. Dutour de 1838, se identifica como “Calzada Real” el itinerario desde Madrid a San Lorenzo de El Escorial y Guadarrama, por Las Rozas-Galapagar, y no por Torrelodones-Villalba, lo que demuestra la importancia de la primera vía con respecto a la última (la imagen adjunta muestra una litografía de N. Chapuy de 1844. En 1848 se publican los caminos radiales y transversales de la provincia de Madrid. En estos tan solo se nombran dos, y uno de ellos era el que unía San Lorenzo de El Escorial, Guadarrama y Navacerrada, y por primera vez aparece nombrado un proyecto entre San Lorenzo de El Escorial y Ávila. En 1856 la N-VI se encuentra sin estar definida en el tramo comprendido entre Las Rozas a Guadarrama, utilizándose la alternativa de su paso por Galapagar. El paso por Torrelodones estaba aún sin pavimentar, aunque sí estaba siendo utilizada por la Posta, que ya en las “Memorias de Obras Públicas” de 1861 el paso por Torrelodones se encontraba confirmado. Y en la Memoria de 1872 se observa el camino que desde Navalcarnero se dirigía hasta El Escorial, pasando por Brunete y Valdemorillo. Consecuentemente, el itinerario Navalcarnero-Navacerrada quedaba completado, y el proyecto que contemplaba el destino Ávila, se encontraba eliminado como propuesta.
A los diferentes itinerarios que los Escoriales recibían como destino y desde diversos puntos, hubo que añadir un nuevo camino, y que en esta ocasión sería de “hierro”: el ferrocarril, que por su importancia y considerable documentación abordaré en próxima crónica.
Y así quedaron los trayectos que bienvenidos fueron, son y que nos llegan desde Madrid a través de Guadarrama, a través de Galapagar, a través de Valdemorillo, amén del ferrocarril, y desde otros lugares a través de la Cruz Verde, forman un abanico de radiales que, todos los caminos conducen a… los Escoriales.
Nota: en anterior crónica de septiembre 2025, nº 15, pág.20 “Todos los caminos conducen a … los Escoriales (I), donde dice “La Despernada (Villaviciosa de Odón)”, debe decir “La Despernada (Villanueva de la Cañada)”.




