Todos los caminos conducen a… los Escoriales (I)

Camino Real de Madrid, recreación sobre grabado de Johann M.F. Geissler.
VICENTE M. ROSADO.- La referencia más antigua de poblamiento humano más cercana a nuestra geografía escurialense está emplazada en el asentamiento del Neolítico de Entretérminos en Collado Villalba-Alpedrete, y hay reseñas de la existencia en el siglo III a.C. de un paraje carpetano con restos amurallados en la zona de Las Zorreras. Sin embargo, no hay constancia de ningún castro vetón en estas tierras, aunque hay autores sin base documental que lo acreditan. De época romana quedan restos de poblamiento cerca de la estación ferroviaria de San Yago, y restos de calzada romana a su paso por Galapagar y Colmenarejo, y no la erróneamente denominada como tal la existente entre Peralejo y El Escorial. Con la llegada de los pueblos bárbaros hay datos de un posible asentamiento visigodo en la zona de Monesterio, aunque sí confirmado su origen mozárabe. De época islámica existen restos en el Montecillo de San Ignacio y también en las Zorreras, coincidentes con los restos carpetanos reseñados anteriormente. Asimismo, también de época musulmana, mencionar el paso en la sierra de Guadarrama por el puerto de El-Balat-Humayt (puerto de Tablada, cerca del puerto del León), que durante dicha época, estas tierras formaban parte de una inmensa franja de terreno despoblado desde el río Duero (Zamora, Toro, Simancas, etc.) hasta el río Tajo (Talavera, Toledo, etc.), con incursiones de unos y otros.
No es hasta finales del siglo XI, con las fronteras oscilando a favor y en contra, cuando finalmente la zona quedó bajo influencia de los reinos cristianos con la definitiva conquista de Toledo en el año 1085. Aquí comienzan las comunicaciones camineras en la zona y pobladores segovianos, vasco-navarros, leoneses, etc. se establecen y surgen poblamientos en Scurial, Ferrerías de Fuentelámparas (de arriba y abajo), Fresneda, Robledo Hueco, Helechal, en un radio de tres kilómetros, y un poco más alejados, Campillo, Monesterio, Navalquejido, etc., quedando integradas en el Sexmo de Casarrubios de la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia.
Surgieron las cañadas cuando en el año 1208 se crea el “Documento de las Cañadas” que serían el antecedente de las cañadas reales firmado en 1273 por el Honrado Concejo de la Mesta. De esta manera surgen la Cañada Real Segoviana y la Cañada Real Leonesa Oriental. La primera, siendo la más cercana al espacio escurialense, tiene su recorrido paralelo al arroyo del Tercio, viniendo de Valdemorillo, Navalquejido, y continuando hasta Segovia. La segunda, más alejada, por El Tiemblo y Cebreros. La que recorre las tierras escurialenses no es propiamente la Real Leonesa, sino un ramal que une ambas iniciándose en Navalquejido, y abrazando la Fresneda por el norte, una bifurcación se dirigía a Zarzalejo y Robledo de Chavela, y la otra hacia el puerto de San Juan de Malagón. En esta bifurcación surgió, posiblemente, el definitivo asentamiento Scurial, que hasta ese momento tan solo había pequeños núcleos dispersos sin consolidar.
Las primeras referencias escritas fueron “Repertorio de Caminos” de Villuga en 1546, y el “Repertorio” de Meneses de 1576 (este tomado de aquel), quedando señalado el camino que unía Guadarrama con Robledo de Chavela, pasando por Campillo. Cruzaba perpendicularmente el ramal de la cañada que se dirigía a San Juan de Malagón cerca del posterior asentamiento del Monasterio, y a través de la Cruz Verde llegaría a Robledo. También de importancia señalar la comunicación que venía paralela a la Cañada Real Segoviana y que a partir de la venta de Ablencio (punto de unión de los arroyos Aulencia y Tercio), se separaba de dicha cañada y uniéndose al curso del arroyo, atravesaba las tierras de Campillo, subía ladera arriba del actual valle de Cuelgamuros, y por el puerto del Berrueco o Berroco (portera del Cura), llegaba a tierras segovianas. Y ya poco antes de la llegada de Felipe II, ya existía el camino Real de Valladolid, que desde Madrid llegaba al puerto del Alto del León, que a su paso por Guadarrama se bifurcaba un ramal a El Escorial.
La llegada de Felipe II supuso la consolidación de la población de El Escorial, y que por su cercanía a la reciente capitalidad de Madrid en 1561, hubo que organizar, rehacer y adecuar las vías para que fueran cómodas y rápidas. Desde el Camino Real de Valladolid a su paso por Torrelodones, y a través de Galapagar se llegaba al puente del Tercio, que por la Fresneda se alcanzaba El Escorial y Monasterio. Otra, que ya existía en parecido trayecto de la ocupación musulmana, partía de Madrid por el puente de Segovia y pasando por La Despernada (Villaviciosa de Odón), Brunete y Valdemorillo, se llegaba a El Escorial. Los puentes que consolidaron estos itinerarios, bien por nueva construcción, bien por presencia, fueron: El puente construido sobre el río Guadarrama en Torrelodones; el puente de Brunete sobre el mismo río; el puente de Segovia sobre el río Manzanares, y el existente sobre el río Aulencia en la entrada a El Escorial.
A estos caminos hubo que añadir los que circulaban por el interior de las posesiones monacales señaladas por cercados, puertas de acceso al espacio escurialense, y el desplazamiento, hasta el límite de la Herrería (ver Crónica de Abantos “El Pleito de los Apeos”, nº 2, pág. 20), del ramal de la cañada Real Segoviana que invadía el terreno donde sería construido el Monasterio. Las posteriores necesidades proyectarían nuevas infraestructuras, progreso, y decisiones de diversa índole, modificarían y/o añadirían nuevos itinerarios. El llamado Camino Real de Madrid (imagen adjunta. Recreación sobre grabado de Johann M.F. Geissler), que desde Las Rozas, se cruzaba el río Guadarrama llegando a Colmenarejo, y por el puente del Tercio hasta la Fresneda. Este camino se desplazaría a Galapagar en época más tardía para unirse al procedente de Torrelodones.
Durante el siglo XVII no hubo grandes cambios en la zona; los caminos entre las distintas poblaciones seguían siendo los mismos, y las mejoras realizadas por Felipe II perduraron hasta que llegó el siglo XVIII, siglo del desarrollo de los servicios postales y de los transportes. Es en este siglo, concretamente en 1761, cuando Rodríguez Campomanes publica “Itinerario Real de las Carreras de Postas de dentro y fuera del Reyno” en el que se recoge las rutas establecidas a mediados del siglo XVIII. En lo referido a itinerarios de llegadas a El Escorial, se señalan los mismos que ya habían aparecido en el “Reglamento” de 1720, y se observa, como “La Posta” (servicio rápido de Correos) señala llegadas desde Valdemorillo, Las Rozas por Colmenarejo, Torrelodones, y Guadarrama. Aún el camino principal de llegada no era por Galapagar, ya que en la “Fe de erratas” de la obra citada se señala un camino más corto y por Colmenarejo con estas palabras “Añadase otra ruta al Escorial, y es la que ahora se sigue durante la jornada”.
Quedaban ya definidos los itinerarios entre poblaciones y este siglo XVIII sirvió para desarrollarlos aún más. En próxima crónica abordaremos dicho siglo.




