TAN CERCA Y TAN LEJOS: “ESCORIAL, S.L.” (primera parte)

Fernando Del Campo Fernández-Shaw.- Suelo comenzar mis palabras con una referencia a algún comentario, charla, etc. que he tenido con algún lugareño o visitante de este Real Sitio…; y esta vez no va a ser menos, pues coincide su comentario con un runrún que algunos llevamos escuchando, sopesando, valorando… en estos últimos años.
Este lugareño (muy) conocido en la sociedad escurialense, ya veterano y experimentado, en medio de una charla distendida y sincera acerca de “como está el patio” local, aún siendo bastante crítico con algunas cosas con las que coincido, al final comentó… “si es que gestionar un pueblo es una empresa difícil…” Y yo ya dejé de escucharle (o no recuerdo lo que dijo después) y me perdí en mis pensamientos relacionados con lo que escribo a continuación…
Y es que, con toda seguridad, mi conocido (no lo puedo catalogar de “amigo”, aunque me gustaría), al mencionar la palabra “empresa”, creo que se refería a “misión”, “tarea”, “objetivo” o “iniciativa”… términos todos estos que perfectamente podrían formar parte de la esencia de lo que comúnmente conocemos como “empresa”; y por aquí van los tiros.
Muchos coincidimos en que gestionar un pueblo, una comunidad o un país no es lo que suelen hacer la mayoría de los políticos. O, dicho de otra forma, gestionar la vida de los que habitan un pueblo, no es lo que suele hacer esa mayoría de políticos… y seguramente tampoco lo hacen algunos directivos de empresas y de sociedades mercantiles en los que priman fundamental y casi exclusivamente los beneficios y la rentabilidad; y ha de ser así… pero en esa gestión hay muchos factores que afectan al calificativo de “buena”…
Me explico. Hago este paralelismo de gestión local (municipal y pública) con gestión empresarial (privada) porque creo sinceramente que hay factores y hábitos en la gestión local, municipal y pública que no se están haciendo todo lo bien que debería hacerse, en general en nuestro país y en particular en nuestro pueblo. Sé que un pueblo no se puede gestionar, por muchas razones, con herramientas empresariales y societarias, vaya por delante. Pero también sé que hay maneras y formas de, en algunas áreas, imitar e implementar, en lo posible, formas de gestión empresarial que, sin ser garantía de éxito, sí pueden ayudar… y mucho.
Sé (supongo) que es muy complicada, compleja, lenta y, a veces, ingrata, la labor de sumergirse en el compromiso de sacar adelante un pueblo. Compromiso. Fundamental. Pero para sacar adelante ese compromiso (en este caso, con tus vecinos, independientemente de si te han votado o no), precisamente hay que “gobernar” para todos; sin excepción. Y gobernar es, a mi juicio, sinónimo de “guiar”, “conducir” e incluso “liderar”. Y estas acepciones, a su vez, son (deberían ser) el resultado de escuchar, analizar, priorizar, planificar, controlar, corregir (en su caso), aplicar… y volver a analizar si se han hecho bien las cosas para aprender de los aciertos y de los errores.
Mi conocido (amigo), tras una dilatada experiencia de muchísimos años, primero en la administración pública y luego en la privada, comentaba la extraordinaria importancia de las personas, sí, de esos “elementos necesarios” para que muchas cosas salgan bien (a pesar – o además – de la IA), y de su formación, experiencia, actitud, compromiso, valores… ¡¡¡todo eso!!! Pues ahora sí que ya parece una empresa imposible… tenía razón mi conocido… ¡¡¡Pues no!!! No puede ser imposible.
Y ya vamos llegando a donde quería: las personas que intervienen en la gestión. Si “gestionar”, de una forma generalista es “hacer gestiones para conseguir o resolver algo” y, de forma más precisa pudiera ser “llevar adelante una iniciativa o un proyecto” u “ocuparse de la administración, organización y funcionamiento de una empresa u organismo” o “manejar o conducir una situación problemática”, digo yo, que los intervinientes o gestores de todo lo anterior deberán tener perfiles adecuados para tal fin ¿o no? Y por perfil no hablo de titulación académica, o universitaria o de postgrado (que siempre serán útiles e incluso necesarias), hablo de perfiles que interioricen y asuman el objetivo de su compromiso y trabajo: su pueblo.
Su pueblo compuesto de gentes, de calles, de paisajes, de historia… De problemas y de fracasos; de soluciones y de éxitos. De diálogo y de empatía. De transparencia y de discreción. De admiraciones y de envidias… Un pueblo compuesto por miles de egos, por miles de puntos de vista, por miles de sensibilidades… Un pueblo, el escurialense, el madrileño o el español, en el que la gran mayoría coinciden (unos a bombo y platillo, otros con la boca pequeña) en los problemas urgentes a solucionar, muchos de ellos cotidianos y específicos de cada sitio: que si la limpieza, que si los ruidos, que si el aparcamiento, que si las aceras, que si… Cuestiones locales, que en su práctica totalidad requieren voluntad de trabajarlas y de solucionarlas; voluntad y ganas derivadas del compromiso adquirido, del “sentido de pueblo” o del “sentido de región” o de “sentido de estado”… Gestionarlas. Quizá haya que llegar a acuerdos con otros… quizá. Quizá haya que ceder un poco… quizá. Quizá haya que tener empatía con el otro… quizá. O quizá haya que cumplir directrices y punto, desoyendo o desatendiendo las necesidades de un pueblo por ser fiel a unos intereses de otra índole.
Mi conocido también se paró en este razonamiento llegados a este punto… pero quedamos en retomar el tema; su mujer alzaba los ojos hacia arriba mientras hacía una mueca y susurraba… “si yo te contara…”.
Pues eso. Lo retomaremos en la siguiente.
Sé que me repito, pero también sé que, afortunadamente, somos muchos los que pensamos así… ¡y es que hubo, hay y habrá tantísimo talento en este pueblo para gestionar “cosas”!
Pero ni estamos tan cerca, ni estamos tan lejos. Hay que ponerse a ello, para variar… Yo empecé ya…




