TAN CERCA Y TAN LEJOS – ESCORIAL MEJOR (III)

Fernando Del Campo Fernández-Shaw.- En los tiempos que corren, y con la que está cayendo a nivel nacional e internacional (y no me refiero a la climatología), siempre me han asaltado unas dudas que nunca he conseguido resolver y que perfectamente caben en esta tercera y penúltima reflexión de “Escorial Mejor” o cómo, a mi juicio, podríamos tener un pueblo, una sociedad o un entorno escurialense mejor.
Las dudas provienen, para variar, de escuchar y leer las noticias (generalmente) negativas, incluso dramáticas, que aparecen sistemáticamente en los medios de comunicación sobre sucesos y actos acaecidos por las decisiones (o indecisiones, o inacciones) de los políticos de turno o de aquellas personas que deciden cosas que nos afectan a los ciudadanos de a pie…
E irremediablemente pienso en mi pueblo, no lo puedo evitar. Y, de verdad, no tanto por decisiones adoptadas por los políticos que nos gobiernan o que lo hicieron antaño (que también hay algunas, que, para qué vamos a desenterrar hoy malos rollos), sino por todas aquellas decisiones que no se toman; por todas aquellas cosas que hay que hacer y no se hacen; por todas aquellas medidas que habría que adoptar y no se adoptan… por todos aquellos riesgos (presupuestarios, políticos, etc… no los otros ¿eh?) que merece la pena correr, para tener un Escorial Mejor, y aquí no se arriesga ni El Tato.
Y, para variar, vuelvo a traer a colación las tres preguntas que vengo planteando… ¿Se quiere? ¿Se sabe? ¿Se puede? Porque quien más quien menos, cada uno en su ámbito y en el contexto que le gusta o que conoce, cada uno querríamos que nuestro Escorial fuera algo, o fuera algo mejor o cambiara a algo mejor en aquel tema o asunto que nos gustaría mejorar… ¿Y por qué no se hace? ¿Por qué llevan tantos asuntos parados o aparentemente parados, con una ausencia de información que nos hace dudar si se va “palante o patrás”?
Siento repetirme, pero siendo insistente en que “el que algo quiere, algo le cuesta”, y no me refiero al dinero (que también sería un factor a tener en cuenta), soy un firme convencido de que, entre otras cosas, para la toma de decisiones “con criterio”, “bien fundamentadas” o “suficientemente contrastadas”, hay que rodearse de gente que sabe, pues, generalmente, esa sabiduría suele conducir al “se puede” y, finalmente, al “se quiere”… O dicho de otra forma… escuchar a los que saben y dejarse asesorar por su conocimiento y experiencia.
En este contexto, comparto una reflexión que me hice tras una breve pero super agradable conversación con un vecino pedazo de artista, de creador, de formador… que se jubila tras muchos años dedicando su vida a la cultura en nuestro pueblo… y, para variar, me asaltó la “pregunta del millón” ¿pero cómo es posible desperdiciar tanto talento con lo necesitado que está nuestro pueblo? Y volviendo a casa, me daba igual el frío y la ventisca que hacía, pues me iba “calentando” yo sólo maldiciendo la incapacidad de retener la sabiduría, la experiencia y ¿la predisposición? de tanta gente válida para convertir nuestro San Lorenzo en un pueblo mejor.
Y es aquí donde relaciono la parte de la sociedad civil, la gente de la calle que sabe, con la dificultad que pudieran tener los que no toman decisiones o los que no asumen retos ni riesgos porque, seguramente, no pueden responder a alguna (o a ninguna) de las tres preguntas anteriores… Y no pienso entrar ahora en el tema de “personal / asesor de confianza a sueldo” pero… ¿por qué no? ¿Porque no es el momento por ahora?
Tampoco voy a entrar a valorar, por desconocimiento lo primero, y por evitar meterme en “charcos”, lo segundo, la razón por la que, a la hora de tomar una decisión, o de abordar preliminarmente un proyecto, no se acude a esta gente cercana y vecina que sabe de lo suyo para empezar a solucionar temas que se han liado, reactivar asuntos que han quedado paralizados o proyectos que fueron brillantes pero perdieron su luz y esplendor en un cajón de un despacho…; me consta que fue y es un problema, pero esto no puede ser. Mi conocido vecino podría estar interesado en ser útil a su pueblo y, hablando por no quedarme callado, no necesariamente a cambio de un sueldo o no a cambio de una retribución desorbitada. Y mientras escribo esta reflexión, aunque alguno me va a matar mientras lo lee, en este periódico que tiene usted entre manos o en la pantalla, acaba de leer antes de este texto informaciones, apuntes y reflexiones de gente sabia que, perdón por la vulgaridad, “sabe un huevo” y aquí están tan ricamente… desaprovechados.
No creo que sea muy complicado crear alguna forma de “grupo asesor”, o “comité de expertos”, o aunque no quería decirlo, asesor individual o experto individual (sin grupo al que pertenecer) que pueda, desde una posición de objetividad y transparencia, brindar su conocimiento y experiencia a los que han de decidir; sugerir líneas maestras que seguir en determinados ámbitos; adoptar determinadas posturas ante un futuro cierto y predecible en otras cuestiones; descubrir ocultos potenciales y cualidades desaprovechadas en oportunidades que existen pero no se han aprovechado… ayudar, en suma, a crecer.
Todos conocemos a mucha (sí, sí, a mucha) gente así… pero nadie les pregunta, ni falta que hace ¿verdad? Total, que al final, el sistema es el que es… pues no. Y me consta que hay algún caso que sí, que han acudido a uno de los mejores, sino el mejor (¿verdad Guille?) para valorar cómo hacer las cosas…
¿Es una excepción? Ni idea. Ojalá toda esta reflexión cause la sonrisa de aquellos que se sientan afectados, porque verdaderamente lo están haciendo bien y acuden a una ayuda cuando lo necesiten. No creo que haya reproche alguno sino más bien lo contrario, la humildad manifestada a través del reconocimiento de las carencias de uno y el deseo de hacer las cosas bien, de hacerlas mejor.
Pero ni estamos tan cerca, ni estamos tan lejos… estamos como nos merecemos y recogemos lo que sembramos. Pero sí puede haber un Escorial mejor.




