Secretos de vivientes letras

Carmen Villanueva.- Hoy no es mi intención indicar secretos más o menos escondidos, pues sencillamente voy a señalar algo que está fácilmente a mano de quien muestre el más mínimo interés por las letras. Y digo letras con todo lo que ellas pueden engendrar. En el listado del abecedario se encuentran como independientes y alocadas, aunque otros ojos las vean indefensas pero esperanzadas. Esperan con ansiedad unirse unas con otras bajo el noble empeño de un “autor”, acaso “visionario” y algo de profeta mágico. Y se van uniendo unas con otras bajo la atenta mirada de la mente de ese “creador” que las conduce a ir formando una interminable “generación” con una propia y creativa luz que un vocacional lector descifra con rapidez por medio de sus neuronas y así engendrar a su vez una inteligible idea que reclama, con todo derecho, como propia el interesado lector que de esta forma se enriquece y vivifica su propia alma.
Siendo esto así, nos atrevemos a vislumbrar cómo puede configurarse una biblioteca solamente con lo que han escrito cuantos desde 1895 a 1995 se ha escrito por los agustinos que han vivido en el Monasterio y han dedicado a trasformar sus fuerzas y energías, entre otros menesteres y obligaciones diarias, a publicaciones en libros, y revistas de investigación o alta cultura universitaria. Las fechas se deben a que en 1995 se celebró el centenario de la venida de los agustinos a cuidar y dirigir aspectos importantes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Y con la palabra “Biblioteca” no me refiero a la creada por Felipe II para su edificio predilecto. Me refiero a la biblioteca del denominado “monasterio”, propiedad de los agustinos,
de la que en una próxima ocasión me dedicaré a escribir para conocimiento de los lectores. Tiene la especialidad en Teología, Filosofía, incluso Literatura e Historia. Como digo, pronto me explicaré y relataré con detalles muy interesantes.
Hoy me refiero a todo lo escrito por los agustinos del Monasterio. ¿Dónde están todas esas creaciones? ¿No habrán volado sin que se pueda seguir sus huellas? Como digo,
hoy me refiero a todo lo escrito por los agustinos. Con todos los sucesos que nuestra historia ha revestidos nuestra existencia en cien años, podemos preguntarnos: ¿Habrán desaparecido esos estudios, o acaso sirvieron para alimentar hogueras, hogueras no solo de fuego destructor de la sabiduría y de la ciencia sino también aquellas “piras humanas” que encendieron la ignorancia y el oscurantismo en aquellos fatídicos años, 1936-1939, y que condujeron a más de noventa agustinos al “descanso anticipado” en el Casa del Padre Eterno. No obstante, vamos a lo nuestro que aún no hemos descifrado. ¿Cómo reunir tantos escritos dispersos por doquier? ¿Cómo podemos indicar y especificar aun de forma aproximada todos esos escritos? Pues hay un método muy sencillo y completo. Fue un trabajo de muchos años, de muchas notas y fichas y de una revisión exhaustiva que se logró con éxito. El P. Modesto González Velasco, fallecido hace pocos años tuvo la iluminante idea de recopilar toda clase de escritos de esos cien años. Se publicó en el año 1996 con el título: Autores Agustinos de El Escorial. Catálogo Bibliográfico y Artístico. Por riguroso orden alfabético se presenta una breve biografía, y a continuación todos y cada uno de sus respectivos escritos. Es un gran volumen no solo por su extensión sino por su precisión. Tiene 1252 páginas. EL ÍNDICE DE “VOCES O ENTRADAS” ocupa seis páginas y cada una contiene alrededor de 80 “voces”… Perfecta obra, y perfecto autor que tuvo esa genial idea y la llevó a término, con sencillez, con tanta humildad como el nombre que él tuvo –Modesto– y que resume su vida. Gracias, Modesto.




