San Lorenzo de El Escorial y sus historias

José Ruiz Guirado.- YA advertimos, para que nadie nos tilde de injerencia que ni somos historiadores, ni lo pretendemos: zapatero a tus zapatos. Sí podemos afirmar y reconocer la aportación, de profesionales de lo escurialense, entre otros, como la figura de Gregorio Sánchez Meco, o las aportaciones de José Luis Abellán, Manuel Rincón, Gabriel Sabau, etc.
En este breve, nos vamos a fijar, de manera somera en sus fuentes, de lo que se ha resaltado su abundancia y la calidad de sus aguas. Más de un alma ha captado, al beber en ellas, su encanto y su hechizo. La buena fuente, debería de estar orientada hacia el Oriente. En las mañanas de San Juan se oirán quejas, al romper el chorro de agua cristalina contra la piedra lamida por los años. Esta ha de ser de buena piedra berroqueña. La fuente debe dar agua fría en verano y templada en invierno. Debería de estar resguardada balo la sombra de algún roble, fresno, haya o castaño; nunca bajo una higuera. Rara vez se ha visto bruja, trasgo, enano, moro o culebra bebiendo en ellas. Sí lo hacen las hadas o las abejas, aprovechando los primeros rayos de sol. Las abejas creen que sea oro, que luego le darán color a la miel. Las hadas se estarán peinando. La fuente debe de llegar, como máximo, a la altura de la cintura de una persona adulta, de pie. Su agua deberá beberse en el cuenco de la mano derecha. Y no debería hacerse, excepto para las bestias, antes del solsticio de verano, que es cuando las aguas están purificadas. Hasta entonces se beberán de manantiales, que brotan de las entrañas de la tierra. Para nuestra suerte, contamos con las mejores fuentes de todo el alfoz: las antiquísimas de Blasco Sancho y Matalasfuentes, la de la Reina, la del Castañar, la fontana del Batán, la de Fernando VII, que lleva el rótulo en su corona, la del Castañar, la de Entrecabezas, la del Cevurnal. Esa otra conocida por andariegos, cerca del Pico de Fraile. O aquella otra, en la ladera del San Benito, que otrora su agua brotaba aurífera. Y aquellas que han desaparecido, se han secado o se nos han olvidado, perdiendo la costumbre de caminar -pata de fraile-. Sin olvidarnos de la importancia que tuvo para elegir el lugar de la construcción del Monasterio Escurialense.
Además de esta somera descripción a vuelapluma, deberíamos de meditarnos a pensar, en cada una de ellas, aprovechando la historia que cada una de ellas nos puede narrar; teniendo en cuenta la calidad de vates que han dado estas latitudes serranas, y lo han dejado escrito para los tiempos.




