Que viene el lobo

Carlos de Guinea.- Nuestra comarca siempre ha sido una zona ganadera y hoy lo continúa siendo, especialmente de ganadería extensiva. En los años 40 del siglo pasado desapareció de la sierra de Guadarrama un habitante tan interesante como difamado: el lobo. Sin embargo, su población se ha ido recuperando gracias a las medidas de protección adoptadas por las autoridades y ya está de nuevo presente en nuestro entorno no solo como visitante esporádico si no que hay grupos estables. Básicamente el lobo se alimenta de otros animales salvajes, corzos y jabalíes además de otros menores ayudando a mantener controladas sus poblaciones, pero no siempre es así y ya se han registrado en zonas próximas al casco urbano ataques al ganado domestico como supimos de uno a finales del año pasado en las cercanías de la carretera del Escorial a Guadarrama.
Hoy quiero rendir homenaje a un coloso que durante siglos acompañó y defendió nuestra cabaña con extraordinaria eficacia por sierras y llanuras a lo largo de toda la península, siempre unido a la ganadería trashumante, aunque también a la estante, el Mastín Español, cuya voz atronadora y valor ante la presencia de su enemigo secular, el lobo, son realmente sobrecogedores y efectivos.
Es posible que carpetanos y vetones ya practicasen antes de la llegada de los romanos una trashumancia de corto recorrido entre los invernaderos del llano y los agostaderos de la sierra, pero fue durante la Reconquista y tras la llegada de la frontera a los valles del Guadiana y del Guadalquivir cuando surge una trashumancia más dilatada entre los puertos de la montaña y las dehesas del sur. En 1.273 se creó el Honrado Concejo de la Mesta en defensa de la importantísima ganadería merina. La comarca escurialense desde entonces esta cruzada por dos grandes cañadas por la que se desplazaba el ganado en sus movimientos estacionales: la Segoviana que desde el puerto de Somosierra se dirige hacia Extremadura por el sur de la Sierra de Guadarrama y un ramal de la Leonesa que cruza la sierra desde Campo Azálvaro, pasando por el puerto de Malagón.
La cabaña trashumante del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, fundada por el propio Felipe II, llegó a ser una de las más importantes de España, por tamaño, llegando a tener unas 30.000 cabezas, como por la calidad de la lana y una dilatada historia que se extiende hasta 1820 con la llegada del trienio liberal al gobierno de España y la exclaustración de los jerónimos.
El desarrollo económico y el consiguiente declive de la trashumancia y de la población de lobos afectó muy seriamente a la utilización de los mastines al servicio de la ganadería si bien hoy aún tenemos grandes ejemplares altamente funcionales. No nos confundamos, porque a partir de los años ochenta del pasado siglo con la irrupción del mastín en la cinofilia organizada, la de las exposiciones urbanas, hay quien entendió que lo ideal era lo del mastín grande ande o no ande y esto es un gran error, el mastín debe ser funcional.
Hoy el mastín es mas necesario que nunca en nuestros campos y su presencia ayudará a disuadir como antes al lobo de atacar al ganado lo que permitirá su supervivencia y nosotros podremos seguir disfrutando de dos prodigios de la naturaleza en nuestras sierras a los que no es necesario renunciar, pero sí racionalizar.




