Perros de caza, pasión de los reyes de España

Carlos de Guinea.- Estimado lector, como bien sabes son mucho los motivos con los que se especula acerca de por qué el Monasterio de San Lorenzo se encuentra donde se encuentra; unos más fundados que otros, pero seguramente la mayoría complementarios y todos ellos acertados.
Uno es la gran afición de los monarcas hispánicos por la caza, no decisivo, pero si importante dada la gran riqueza cinegética de la zona. Prácticamente todos los reyes españoles tuvieron desde muy antiguo una gran afición por la caza y grandes perros cazadores a los que apreciaban y gustaban retratarse con ellos.
Siguiendo el interesante artículo de Alejandro Peris publicado en el número 443 de la Revista de Folklore vemos como a lo largo de la historia los reyes españoles se sirvieron desde mucho antes de la construcción del monasterio de los más diversos animales para la caza como leopardos, guepardos y leones además de rapaces y hurones, pero sobre todo de perros ya fuesen perdigueros (perros de punta), sabuesos, lebreles, podencos, perros de presa o galgos. Ya en la Edad Media eran muy apreciados. Los fueros de Castilla y de Navarra contemplaban fuertes sanciones para los que los robasen, lisiaran o mataran. Alejandro Peris cita el caso un hombre al que Alfonso V de Aragón mando encerrar en prisión en 1419 por haber matado a unos sabuesos.
En muchas ocasiones las perreras reales no producían suficientes ejemplares por lo que se compraron muchos en diferentes lugares de España y del extranjero pagando importantes cantidades de dinero.
Los sabuesos navarros estaban muy bien considerados y los monarcas mandaban comprarlos allí. En 1587 consta que se entregaron 250 ducados a dos perreros de Felipe II para la compra de sabuesos tras avisar al virrey de Navarra según consta en el Archivo General de Palacio (Cedulas Reales, tomo VI, folio 549). Felipe III ordenó en 1616 que se entregaran a uno de sus perreros 300 ducados para que adquiriera sabuesos en Navarra de tal forma que estuvieran dispuestos para utilizarlos en la brama de aquel año. También se criaban excelentes sabuesos por aquel entonces en los Montes de Toledo, Sierra Morena o Guadalupe.
Los perros de muestra, perdigueros o pachones (sobre la diferenciación de estos últimos hay un cierto debate en el que no vamos a entrar) fueron muy apreciados. Carlos IV solía comprar perdigueros en Los Yébenes. Por uno llegó a pagar 640 reales en 1799. Isabel II pagó por 8 perdigueros adquiridos en Córdoba 2.000 reales, una auténtica fortuna.
En el siglo XVIII tuvieron relevancia los galgos de la provincia de Toledo. Carlos IV mandó comprar dos en Cebolla por 1.200 reales y otros dos en Escalonilla por 1.100 reales.
También se adquirieron perros en otros países. Felipe II importaba sabuesos de Inglaterra prefiriendo los negros de orejas grandes y caídas y “cuatro ojos”.
A menudo se utilizaban como un regalo muy valioso y apreciado, aunque su traslado supusiese un coste elevado. Por ejemplo, Carlos III y el marqués de la Mina regalaron al infante D. Felipe cuatro perdigueros que hubo que llevar hasta Parma pagando 7.680 reales
Un dato curioso es el gran número de perros que llegaron a poseer nuestros monarcas. Felipe III tuvo 48 sabuesos además de lebreles, perdiguero y otros muchos. Carlos III accedió por su alto coste a utilizar en la caza solo 20 perdigueros, 60 galgos y 50 podencos. Carlos IV fue el monarca que tuvo más perros de caza: en 1789 llegó a tener 238, pero en abril de 1808 Carlos IV solo tenía 106 a los que dedicaba diariamente 242 reales. Varios curas de distintas poblaciones le cuidaban parte de sus perros.
Isabel II se vio obligada por consejo de la condesa de Espoz y Mina a prescindir de una parte de sus numerosos perros. Su hijo Alfonso XII tuvo dos célebres llamados Clavel y Sol y su nieto Alfonso XIII también tuvo excelentes perros de caza contándonos Alejandro Peris la anécdota de la gratificación de 25 pesetas que pagó tras la recuperación de Pols y Pusa, regalo del Marqués de Ceria.
Los actuales reyes eméritos son conocidos por su amor y afición a los perros que también han criado varios miembros de su familia. D. Juan Carlos es propietario del afijo Del Valle Negro con el que criaba y presentaba en exposiciones Golden Retrivers de gran calidad, ya lejos de El Escorial.




