La primera plaza de toros

En este cuadro de Alfred Guesdon, pintado en 1855, podemos ver la ubicación de la plaza de toros en una vista general
Álvaro Esteban Díaz.- A través de la historia, quedan en el recuerdo añoranzas sobre edificios o infraestructuras que desaparecen con el paso del tiempo convirtiéndolos en símbolos de un municipio. Algunos consiguen perdurar a través de los topónimos o leyendas, sobre todo aquellos que, por su calado cultural, han arraigado en sus habitantes; pero en otras ocasiones, se pierde todo rastro relegándolos al olvido. Eso exactamente sucedió con la primera plaza de toros de San Lorenzo.
Fue durante uno de nuestros cafés-tertulia con mi amigo Vicente Rosado, cuando hablando sobre la ubicación de esa primera plaza, construida a finales del siglo XVIII, me trasladó su impresión de que debió ubicarse muy cercana a “la Casa de las Torres”. Tenía razón, como pude comprobar en cuanto empezamos a investigar.
Con anterioridad a la construcción de plazas dedicadas exclusivamente a los festejos taurinos, se utilizaban las plazas públicas, adecuándolas al efecto. Tenemos constancia de festejos de “correr novillos” en la plaza de la villa de El Escorial, para festejar las fiestas de San Bernabé o las festividades de la Virgen, habilitándola mediante maderos para poder cerrar el recinto y evitar así posibles accidentes.
El correr de los siglos nos llevaría al XVIII, y un joven Príncipe de Asturias y futuro Carlos IV tuvo la idea de construir una plaza de toros frente a su “casa de campo de abajo”, solicitando permiso al prior del monasterio en 1776, para extraer la piedra necesaria de Las Radas, al igual que se había hecho para la casa de los infantes, sus hermanos D. Gabriel y D. Antonio. Y aunque el prior accedió a la petición, finalmente no se produjo el intento, bien por desistimiento del heredero, o bien por la mediación del rey Carlos III que persuadiría a su hijo para evitar temeridades.
Llegaría así el momento del conocido pleito de los apeos, que daría como resultado la creación del nuevo Real Sitio, y así comenzaría a dotarse de servicios el nuevo núcleo, y curiosamente uno de los primeros en construirse fue la plaza de toros. En aquellos tiempos San Lorenzo se miraba en el espejo de Aranjuez, solicitando todo lo que allí se realizaba, y aunque la plaza de toros de Aranjuez cumplía algunos decenios (1767), había sido reedificada en 1796. Así pues, Vicente Pedrosa, Gobernador del Sitio solicita permiso para construir una plaza junto al camino de Guadarrama, concediéndose por real orden de 12 de mayo de 1796. El coso estaba terminado en 1797, inaugurándose con un festejo el 11 de agosto por la festividad de San Lorenzo, otro el 15 de octubre, y varios entre el 29 de octubre y el 7 de noviembre con motivo de las jornadas reales. Durante 1798 se pagan varias partidas de la construcción, así consta en las cuentas del sitio donde figura “he satisfecho a varios sujetos que entregaron al Sr. Gobernador las adjuntas partidas […] para la construcción de la plaza de toros”. Para el año siguiente, el de 1799, ya figura en los gastos Manuel Piniella como “guarda de la plaza de toros”, con un salario de 6 reales de vellón diarios; este año se celebran dos corridas de novillos el 13 de julio y 25 de agosto. El ”mayordomo del Padre Campero” entregó unas maderas para el recinto en 1799, lo que indica alguna reparación, seguramente de los tejados.
En 1800 ya se ha comprobado que es una ruina la explotación por “el común” (así se denominaba al ayuntamiento o fondos propios), y se decide arrendarla sacándola a subasta, rematándose en “D. Juan Sanz, morador de este sitio y persona de confianza” que daría 1.250 reales de vellón por cada corrida de novillos, con un mínimo de dieciséis novillos por año, incluyéndose durante las mejoras de postura, condiciones tan peculiares como “que en las corridas que tubiese de novillos se le permitiese tener un toro embolado”.
Sin embargo, la plaza tendrá una vida muy efímera, ya que en 1803 se ha “observado la poca necesidad que hay de la plaza de los toros y lo gravoso que es a sus fondos el deberla mantener”. Y así en 1804, el gobernador del Real Sitio Vicente Perales, escribe a D. Pedro Ceballos indicándole que se habían invertido “mas de 400 mil reales de vellón de los fondos del Sitio”, y que habían observado “que nada podía producir porque las corridas de toros que se dieron por cuenta del Sitio no llegó el producto de cada una con mil pesos a los gastos. Después se trató de arrendarla, y lo que dieron los asentistas no alcanzó a los gastos que se hicieron en repararla y ponerla corriente. De aquí ha nacido el que hace tres años que no se ha hecho uso alguno de ella para su destino, y se va arruinando con particularidad sus techados”. Se propone utilizar el círculo de terreno como picadero, “sus murallas de bastante solidez” pudiendo hacerse en ellas bastantes caballerizas y cocheras en lo bajo y en el piso alto muchas habitaciones capaces para alojarse una buena parte de la servidumbre de S.M., y que así sea la corona quien corra con los plazos del censo que se había tomado para su financiación.
Junto a la plaza disfrutaron los Gobernadores de un huerto para su esparcimiento, que el entonces gobernador Francisco Carmona, vendió en 1814 creyéndose propietario del mismo, declarándose nula la venta al ser propiedad del común del Sitio.
La plaza cae en desuso y continúa arruinándose hasta que en 1863 se decide reedificarla, seguramente, ante el intento de D. Mariano de Rojas de construir una en la villa de El Escorial, para la que había solicitado el “errén del Camposanto” frente a la estación de ferrocarril. Ante la iniciativa privada, el ayuntamiento de San Lorenzo solicita al Gobernador civil de la provincia, permiso para “reedificar la antigua plaza de toros, a la salida de este Sitio para Guadarrama”, fijando las condiciones entre las que se incluye “la concesión los materiales q. hay in situ en el referido solar”. Pero no será hasta marzo de 1867, cuando se concrete con D. Manuel de Barrenechea, la concesión por 50 años que comenzarán a la finalización de la obra, que tendrá una duración máxima de dos años. Sin embargo, nada tendrá efecto, ya que no llegó a realizarse el proyecto.
Desgraciadamente no ha llegado hasta nuestros días ningún alzado ni plano del proyecto original, y únicamente una ilustración en el cuadro de Alfred Guesdon, pintado en 1855 “Vista tomada del camino del Palazzio de arriba” nos la muestra en su ubicación original. Sí han llegado hasta nosotros, algunos planos del municipio que nos muestran su ubicación exacta junto a la primera rotonda o descansadero que el arquitecto D. Juan de Villanueva diseñó en el camino desde el Real Sitio a Guadarrama; la más precisa es la representación en las hojas kilométricas que plasmaron con gran detalle los Reales Sitios y conservadas en el Instituto Geográfico Nacional. Así pues, la plaza quedaría ubicada a la derecha de la calle Juan de Toledo en sentido de San Lorenzo del Escorial a Guadarrama, entre las calles Dorregaray y Codolosa, y ocuparía también la calle Infantes y parte de la manzana al este. Se puede apreciar todavía en la actualidad como esos tres chalets a continuación de la calle Dorregaray están por debajo del nivel de la carretera, y sobre todo se hace patente la nivelación en la calle Infantes, cuando tras rebasar el colegio de las Hermanas Concepcionistas se llega a una zona totalmente llana antes de encontrarse con el brusco descenso en el último tramo, antes de desembocar en la calle Juan de Toledo. No debe confundirse con una estructura circular al final de la calle Dr. Juan Abelló Pascual, actualmente ocupada por una urbanización, que sería el denominado teatro viejo o teatrillo, construido en el siglo XX y que no llegó a utilizarse.
Podemos concluir que esa primera plaza de toros, con una cortísima vida útil de apenas cuatro años, y de la que únicamente nos han llegado estos pequeños retazos que nos permiten recomponer su breve historia, fue una dotación innecesaria para el Sitio, y solamente por el afán de igualar a otros Reales Sitios se llevó a cabo.
Todo rastro quedará finalmente eliminado en 1908, cuando la zona se urbanice y se subasten las parcelas que darán lugar al nuevo barrio en el sitio denominado “plaza de toros”, con esa colonia de “hoteles” de las calles Infantes y Sarmiento de Bengoa (actual Dr. Juan Abelló Pascual).




