La Peña Teo, amigos de la montaña

Carlos de Guinea.- La Peña Teo es una conocida peña de San Lorenzo de El Escorial formada por un grupo de amigos aficionados a la montaña, admiradores de nuestro entorno y cultura, muy presente en diversas manifestaciones como la Romería de la Virgen de Gracia o actividades senderistas o montañeras. Se ha hecho celebre su presencia en la emblemática marcha de montaña que se celebra cada 15 de agosto, en el marco de las fiestas de San Lorenzo, que partiendo de Los Jardincillos recorre varias de las cimas alrededor del Monasterio (Machota Baja o Tercer Ermitaño, Machota Alta, San Benito, Risco Alto) para terminar en la Fuente del Cervunal en el Monte Abantos, con un recorrido de unos 26 kilómetros. En dicho evento, la Peña Teo ofrece a los participantes riquísimos tomates condimentados con aceite y sal en un ambiente festivo habiendo hecho popular el dicho “cuando bajes del San Benito tomate un tomatito”.
¿QUIEN ERA TEO?
Es una pregunta que se hacen los más jóvenes porque los mayores tuvimos la satisfacción de conocerle. TEO no era un celebrado montañero ni un adalid. No, TEO, era un perro, un precioso Golden Retriever de pelo dorado de cuyo fallecimiento se han cumplido en este mes de agosto 22 años pero que sigue siendo recordado por su nobleza, su alegría y su buen carácter.
El Golden Retriever es una raza escocesa surgida del cruce entre perros cobradores de caza y spaniels, criada inicialmente para recuperar piezas de caza acuática por su boca suave y amor por el agua. Actualmente es muy utilizado como perro guía y como perro de terapia, búsqueda y rescate, y detector (drogas, explosivos, alergias) por su inteligencia, capacidad de aprendizaje y carácter equilibrado
El destino de TEO, nacido en el Centro de la Fundación ONCE del Perro Guía (FOPG), era servir como perro guía. Nació el 18 de febrero de 1991, hijo de Tarassori y Balita. Tuvo dos hermanas, Tina y Tana quienes como él fueron criadas para ser perros lazarillos de la ONCE
Estos cachorros nacen en la FOPG, en Boadilla del Monte (Madrid) y los primeros cuidados se los dan los técnicos de la Fundación, pero a los dos meses se entregan a una familia voluntaria con la que permanecen hasta los doce o catorce meses con el objetivo de que adquieran una socialización y obediencia básica necesarios para su trabajo posterior. Con sus dueños de adopción deben aprender a convivir en casa, exponerse a ruidos, acostumbrarse al transporte público, a andar por calles concurridas, usar ascensores e iniciarse en normas prácticas como no subirse a sofás, caminar sin tirar, acudir a la llamada. Con doce o 14 meses, el perro regresa al centro e inicia el entrenamiento profesional que dura hasta los 20 meses.
Con dos meses TEO, vino a vivir a San Lorenzo de el Escorial, en la casa de una familia que le acogió como educadores fascinados por la ternura propia de un cachorro de su edad pensando que al cabo un año, por doloroso que fuese, se marcharía a completar su formación para cumplir su misión en aras del bien común. Ello no fue obstáculo para que bajo la supervisión de la FOPG, se aplicasen a darle los cuidados y la educación escrupulosa que le correspondía.
Sin embargo, algo imprevisto surgió al volver al Centro para iniciar el entrenamiento superior. En el examen veterinario se descubrió que padecía un cierto grado de displasia que le hacía inadecuado para la delicada función que como perro guía le correspondería hacer por lo que se decidió que era mejor cambiar su trabajo de perro guía a perro de familia con la suerte de volver a ser adoptado nuevamente por su antigua familia con la que permaneció hasta el 4 de agosto de 2003, fecha en la que le perdimos y pasó a descansar en “El Rincón de Teo”, a la sombra de un fresno, junto a un joven almendro, rodeado de enebros, encinas, tomillo, cantueso y otras muchas especies, como las orquídeas silvestres que florecen en primavera.
TEO no pudo cumplir con la alta misión que por nacimiento tenía encomendada pero el destino le tenía reservado un lugar en nuestra historia. Fue feliz con su familia y las personas que le rodearon a las que él les dio y de las que recibió mucho cariño y alegrías hasta el punto de que su peña tomó su nombre que perdura hoy en día. Fue uno más del grupo, juntos pasaron muchas aventuras y vivencias, disfrutándose mutuamente. A su fallecimiento su dueña escribió: “Te escribo estas breves líneas para darte las gracias por estos 12 años y medio que hemos compartido contigo. Sé que hubieras sido un magnífico “perro guía”, pero como animal de compañía has cumplido tu labor sobradamente (tu ilimitado agradecimiento, tu alegría contagiosa, esos recibimientos al llegar a casa…).” “Creo que con una pequeña dosis de los ingredientes de tu talante – incluidas las que no tenías y que a los humanos nos sobran – la vida sería más fácil y el mundo funcionaría infinitamente mejor. Fíjate, tú nos das lecciones a los humanos”.




