La jaula y los cañamones gurriatos

J. C. Sainz de los Terreros (Representante del Duendecillo Bolilla).- El duendecillo afirma: “Esto es verdad y no miento, y como me lo contaron lo cuento”. Hace ya muchos años, allá por 1857, nacía una preciosa niña en el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, a la que le pusieron de nombre María (1).
Desde muy pequeña destacó por su bondad y generosidad con cuantos la rodeaban, características que siempre la distinguieron a través de los años.
Cuando fallecieron sus padres, Don Raimundo y Doña Bernardina, heredó una gran fortuna, y como no tenía hijos, decidió emplearla en realizar una buena obra: construir una “gran casa” para los ancianos, sin recursos, de su pueblo al que tanto amaba.
Decidido y hecho. En 1924 estableció la realización de su proyecto en su testamento, previa petición al Ayuntamiento de que le cediera un terreno para ello, cosa que se aprobó por considerar que era para una noble causa, siendo Alcalde Don Rafael López-Diéguez. El terreno cedido tenía 3.500 metros cuadrados de superficie, y estaba situado en lo más alto del pueblo, en el popular Barrio de las Casillas.
En 1925, poco antes de su fallecimiento, contó a una amiga, monja Salesiana del Sagrado Corazón, su proyecto, encargándola de que fueran ellas las que se ocuparan de la gestión y de la atención a los futuros ancianos residentes en esa “casa”, indicándola que “YO HARÉ LA JAULA, PERO A OTROS LES CORRESPONDERÁ PONER LOS CAÑAMONES”.
Y así ha sido, pues la casa que construyó Doña María, ha sido querida, desde el primer día, por todos los gurriatos, sin que hayan faltado nunca los cañamones.
Y el proyecto de la “casa para ancianos” de Doña María, conocida por Asilo de Ancianos María Leonor, estaba construida en 1931, aunque su inauguración tuvo lugar el cuatro de diciembre de 1932, siendo Superiora de las Religiosas Salesianas del Sagrado Corazón, Sor Fuensanta.
Tenía una superficie construida de 210 metros cuadrados, y capacidad para doce residentes, siendo las primeras, Doña Anselma, Doña Carlota, Doña Juana y Doña Nicolasa, con dos religiosas a su cuidado. Enseguida, el día primero de enero, se completaron el resto de plazas, formando un grupo de seis mujeres y seis hombres.
La vida en “la casa de Doña María” era apacible y tranquila, como la de una familia, sin faltar en ningún momento “los cañamones de los gurriatos”, cumpliendo así lo pedido por su fundadora.
A las ocho, todos levantados y después del desayuno, los hombres se dedicaban a limpiar y plantar en el jardín, cuidar la pequeña huerta o vigilar la granja, donde estaban los “cañamones gurriatos” en forma de gallinas, conejos y palomas.
Mientras, las mujeres ayudaban a las religiosas arreglando las habitaciones, lavando platos o ropa, o ayudando en la preparación de la comida.
A la una, el almuerzo, abundante y sano, gracias, también a los “cañamones de los gurriatos” en forma de alimentos que donaban los comercios, asociaciones, hoteles y los vecinos.
Después, los abuelos echaban sus pitillos y partidillas de tute o mus, mientras que las abuelas charlaban, esperando con impaciencia la hora de serial radiofónico.
A la hora de la merienda, todos se movilizaban hacia sus habitaciones para sacar de sus escondites los dulces y chucherías, de todas clases, para compartirlas entre ellos, como si fueran niños.
Después, a las ocho, la cena, nutritiva pero ligera, y a las diez, todos a la cama, que hay que descansar.
Y cuando los cañamones necesarios eran costosos, los gurriatos, todos a una, respondían con generosidad y rapidez.
Fue el caso de aquella furgoneta Citroën, que Sor Fuensanta soñó un día poder tener para facilitar el desplazamiento de las religiosas a sus quehaceres diarios en el pueblo, porque bajar era fácil, pero subir cargadas, era una odisea.
Y para cumplir el sueño de Sor Fuensanta, un gran gurriato casillero, Don Miguel Espelleta Suárez, puso al frente de un grupo de gurriatos, para recaudar fondos y comprarla, y en apenas semanas, a base de pedir donativos, rifas, tómbolas…, se recaudó, con creces, la cantidad necesaria, y el sueño de Sor Fuensanta se cumplió. El Asilo tuvo la furgoneta el 11 de septiembre de 1965, llena de alimentos y con 5.000 pesetas para gasolina, y con un letrero que decía, “Aquí estoy para el Asilo”. Sor Escolástica, después de haber aprobado el examen de conducir, se encargó de hacerla circular diariamente.
Y lo mismo ocurrió con el televisor, elemento fundamental para el entretenimiento de los abuelos. En unos días, un televisor estaba instalado en la sala de la “casa de Doña María” ¡Con que alegría lo recibieron!
La preocupación de los gurriatos por el mantenimiento y buen funcionamiento del Asilo, siempre era prioritaria.
Y para que el “saco de cañamones” estuviera siempre lleno, se organizaban fiestas y verbenas, rifas y tómbolas, especialmente en verano, para que en ningún momento les faltara nada a los abuelos.
Y también era importante la famosa “hucha” del escaparate de la tienda de Alfonso Martín y su mujer Marina, donde los vecinos y veraneantes podían depositar cañamones en forma de dinero, a través de una ranura.
Pasando los años, “la casa de Doña María” se fue ampliando, primero hasta treinta plazas, y en 1986, gracias a la donación de otra gran María (2), hasta setenta y una. Antes, en 1934, la “aula de Doña María, se vio beneficiada con otro legado, el donado por otro gran gurriato, Don Antonio Hernández Muriel, dejando su herencia “a los pobres de gran solemnidad, de buenas costumbres y residencia fija en este Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial” como constaba en su testamento.
Como homenaje y agradecimiento a los tres benefactores de esta gran institución, y a la labor desempañada, desde su iniciación, por las Hermanas Salesianas del Sagrado Corazón, el Ayuntamiento, en 2015, por mayoría absoluta, aprobó la concesión de la Medalla de Oro de este Real Sitio a la casa que creó Doña María.
Hoy, la gran obra de aquella niña gurriata sigue viva, ahora dependiente de la Comunidad de Madrid, pero sin olvidar a su creadora, DOÑA MARÍA LEONOR.
El duendecillo siempre ha pensado, si esta historia real, hubiera podido servir como idea para el guion de aquella entrañable película, “Sor Citroën”, estrenada en 1967,dos años después de la “Operación furgoneta” gurriata, protagonizada por Gracita Morales y Rafaela Aparicio.
(1) Doña María Leonor González
(2) Doña María Sainz Ortiz de Urbina.




