La Dama del Armiño

Amparo Ruiz Palazuelos.- Durante el reinado de Luis-Felipe de Orléans (1835-1845), el monarca francés quiso crear una Galerie Espagnole con el mayor número de obras pictóricas de los mejores artistas, para lo cual se sirvió de su hombre de confianza, el barón Taylor, quien gracias a una trama de intelectuales y aristócratas españoles, que le facilitaban obras a bajo coste y con autorías y fechas inciertas, consiguió 450 lienzos en dos años (1835-1837). La Galería se inauguró el 7 de enero de 1838 en las salas de la Coronnade del Museo del Louvre con obras de Velázquez, Ribera, Goya, Murillo, Zurbarán… y, entre las atribuidas al Greco, destacó sobremanera el lienzo titulado La Fille du Créco, por ser un auténtico oasis de limpidez, belleza y elegancia en aquel contexto de pinturas tan diferentes. Al instaurarse la II República en Francia Luis-Felipe se fue a Londres llevándose consigo su Galería.
En 1851 la casa Christie’s subastó un cuadro titulado en inglés The Daughter of Domenico Grecco, firmado por el autor y fechado en 1906, año en el que su nuera (daughter in law), Alfonsa de los Morales, contrajo matrimonio con su único hijo Juan Manuel Theotocópuli. Conocido en español como Dama con flor en el pelo, probablemente un lirio que simbolizada la pureza de la desposada, dicho cuadro fue adquirido por el hispanista y coleccionista de arte Sir William Stirling Maxwell para exponerlo en su residencia Pollok House, al sur de Glasgow. Curiosamente, dos años más tarde (1853) compraría también en Christie’s La Fille du Gréco (1577-1580), procedente de la galería de Luis-Felipe.
Al comprobarse que el Greco no había tenido ninguna hija, La Fille du Gréco pasó a llamarse La Dama del Armiño, pues en 1885 Cézanne había reinterpretado el cuadro con el nombre de La Femme de l´Hermine, d´après le Gréco dándole fama internacional. A pesar de que tras su muerte (1614) el pintor griego había sido silenciado e incomprendido por su abandono de la proporción, sus pinceladas sueltas y pastosas, sus colores vibrantes y su idealización de las formas alargadas, a finales del siglo XIX atrajo la atención de artistas que buscaban nuevas formas de expresión, siendo los primeros Manet y Cézanne.
Numerosos historiadores e investigadores intentaron esclarecer la fecha del lienzo, así como quien era la retratada y en 1913 Elías Tormo, el primer catedrático de Historia del Arte en la Universidad de Madrid, destacó el enorme parecido de la Dama del Armiño con un retrato de la infanta Catalina Micaela, expuesto en el Museo del Prado, atribuido al pintor de corte Alonso Sánchez Coello y fechado en 1854-55.
En 1986, la experta en la historia del traje Carmen Bernis publicó su trabajo La Dama del Armiño y la Moda, en el que ponía de relieve que la vestimenta de la retratada era propia de finales de los noventa del siglo XVI y no de lo que se había creído hasta entonces. Se trataba de una mujer joven de alto linaje y casada, debido a que llevaba una toca finísima de valioso lienzo de Holanda (el mismo del cuerpo con borde decorado) y un bohemio o capa de seda con forro de piel de lince (no de armiño), que dejaba asomar un puño rizado. También el alto copete se su peinado mostraba la moda de la época. En 1585 la infanta Catalina contrajo matrimonio con el duque de Saboya y se fue a vivir a Italia, desde donde pedía a su hermana Isabel – como se puede comprobar en las cuentas reales – que le mandara desde España ropas, basquiñas y bohemios forrados con piel en la parte delantera.
Basándose en Tormo y Bernis, María Kusche hizo en 1989 el primer trabajo en el Archivo Español de Arte sobre pintores de corte del siglo XVI. En 1994 colaboró en la Exposición Sofonisba Anguissola e le sue sorelle, que se celebró en Cremona, ciudad natal de la pintora italiana, y posteriormente fue llevada a Viena y Washington, pero no se pudo traer a España por no ser considerada “de gran interés”.
En su obra Retratos y Retratadores (2003), Kusche afirmaba que Alonso Sánchez Coello fue pintor del rey desde 1562, pero sus competidores en la corte (Sofonisba y los flamencos Jorge de la Rúa y Rolán Moys) también fueron autores de muchos cuadros de la familia real, pues era imposible que todos salieran del taller de Coello.
Sofonisba, de una familia noble y con gran prestigio como pintora, llegó a la corte española en 1559 para ser dama de la reina Isabel de Valois (tercera esposa de Felipe II) y enseñarla a pintar. Empezó a hacer algunos retratos y pronto se pudo apreciar en sus retratados una impecable aura regio-aristocrática y una depuradísima factura, debido a lo cual cada vez se le fueron encargando más. Sin embargo, su autoría no se pudo mantener en el tiempo porque, al no estar como pintora profesional, no los podía firmar.
Cuando falleció Isabel de Valois, Sofonisba fue el aya de las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, estableciéndose entre las tres, lazos de profundo afecto y complicidad. Cuando se casó se fue de la corte a su tierra natal y Catalina la visitó en Génova recién casada, en su paso hacia Turín, en 1585. En su primer encuentro le encargó un retrato como Duquesa de Saboya para regalar a su padre, que su marido llevó a Madrid en 1591, luego el cuadro del que hablaba Tormo atribuido a Coello era de Sofonisba, de ahí su enorme parecido con La Dama del Armiño, pues habían salido de las mismas manos.
A finales de los noventa, Catalina – vestida de calle – apareció en el estudio de Sofonisba en una de sus visitas y nada más verla la pintora quiso captar el momento. Con su nueva forma de concebir la luz y su madurez como artista logró algo sorprendente. Fue entonces cuando la retrató con la toca y el bohemio de piel de lince. Pocos años después fallecía (6 noviembre 1597), sólo un año antes de morir su padre, Felipe II, en El Escorial.
En 2014 La Dama del Armiño fue expuesta en el Museo del Prado, pero en la cartela podíamos leer: ¿El Greco? ¿1577-1580? Sin más explicaciones. Mientras tanto el cuadro sigue en la casa-museo de Glasgow, en la brumosa Escocia, y muy lejos de España…




