III. Libres y reclusos… trabajadores al fin

Fotografía inédita de los trabajos en la base de la cruz del archivo ADVC.
Carlos J. Zarco Ibáñez.- No es fácil detallar, en tan corto espacio, una obra de las dimensiones de nuestro gurriato Valle de los Caídos, pero si hemos hablado hasta ahora de su origen, de la inmensa obra arquitectónica, de su presupuesto y financiación económica, vamos a hablar ahora de la dimensión social y de la mano de obra de esta.
Las principales empresas constructoras encargadas de las obras fueron San Román, Molán, Rodriguez, Banús y Huarte y las que por ello contaron con mayor número de trabajadores. En 1937 se partía del Decreto que establecía el derecho al trabajo de los españoles, de todos, incluidos los reclusos y de ahí surge el Patronato central para la redención de penas tan importante a la hora de incorporar a trabajadores reclusos en la obra.
Tres años después del comienzo de las obras, en marzo de 1943 se establece el primer destacamento de trabajadores penados que evidentemente no eran trabajadores especializados, pero sí laboriosos y predispuestos a trabajar, fundamentalmente por los beneficios tanto carcelarios como económicos que este suponía. Los penados tenían que solicitar su traslado a un destacamento de trabajo y una vez aceptados recibirían un salario que” no podría exceder el del jornal medio de un bracero de la localidad” y redimirían penas por los días trabajados que fueron oscilando en el tiempo y relacionándose con indultos y cambios legislativos pero siempre muy favorables para los reclusos.
El número de trabajadores reclusos durante la obra y teniendo en cuenta que solamente lo hicieron entre 1943 y 1950, siete años de los 19 que duró su construcción, oscilan entre 2.500 y 3.500 en total, según autores, teniendo en cuenta las oscilaciones de cada empresa y de cada momento, con un número máximo de 500 a la vez). Algunos de ellos continuaron trabajando en el Valle una vez redimida su pena como trabajadores libres. Antes de su llegada, durante y después de la salida del último trabajador recluso, los trabajadores libres, que eran fundamentalmente trabajadores especializados en construcción o canteros procedentes de toda la sierra, de experiencia demostrada y técnicos, realizaron una gran labor sobre la piedra granítica del Risco de la Nava. La complejidad y dureza de los trabajos quedó manifiesta en el número de heridos, lesionados o de los 15 fallecidos por accidente laboral durante los 19 años de construcción, en esta cifra se incluyen todos los trabajadores fallecidos sin distinción de ser reclusos o libres, pero hemos de tener en cuenta la duración de la obra fundamentalmente. El recinto contaba con médicos, practicante y un pequeño hospital, que en el caso de tratamientos que precisasen especialización o gravedad los trabajadores eran trasladados a Guadarrama, San lorenzo o a Madrid. No debemos olvidar que la dirección de la obra se ocupó que no faltase la formación para los hijos de los trabajadores que allí convivían con sus familiares, hijos de funcionarios y todo tipo de trabajadores (libres o reclusos) y así, en 1950, se construyó una escuela, que ahora como el resto de las construcciones auxiliares se está hundiendo por la dejación y el abandono.
El trabajo fundamental y especializado fue realizado por las empresas antes citadas, nutridas por trabajadores expertos en cantería formados en las de las poblaciones próximas de la sierra madrileña, fundamentalmente Guadarrama, Alpedrete, Zarzalejo, San Lorenzo y El Escorial y otros venidos de toda España, como ocurrió en el siglo XVI con la construcción del Monasterio de Felipe II.
A la vez que se realizaba la obra de construcción, el Patrimonio Forestal del Estado y después el ICONA se ocupaba de la repoblación de lo que en su origen fue el Bosque de Cuelga Moros en dos periodos 1941-1950, año en el que un terrible incendio acabó con lo realizado y reiniciado de nuevo en 1951 hasta 1980.
No hay que dar muchas más vueltas al asunto que puede ser investigado por los interesados en el archivo del Palacio Real de Madrid, sede central de Patrimonio Nacional, (organismo encargado y responsable por tanto de su explotación como de su abandono y desidia por la falta de mantenimiento) o simplemente leer a los autores especializados en el tema como Juan Blanco, Fernando Olmeda, fundamentalmente el trabajo realizado por Alberto Bárcena en su exhaustivo trabajo sobre los presos del Valle de los Caídos y sin duda Pablo Linares, experto global de la obra y de los tiempos más cercanos, que ha venido a investigar tanto en los archivos de Palacio, los municipales y parroquiales de nuestro San Lorenzo y muchos otros, con el que sin duda este pueblo está en deuda por su defensa de la causa del monumento en cuestión.
En 1959 se terminan las obras y se inaugura el Monumento. Se habían trasladado los restos de José Antonio Primo de Rivera desde el Monasterio de San Lorenzo, a los pies del Altar Mayor de la Basílica, hasta los pies del Cristo de Beobides y Zuloaga en la Basílica del Valle y que como descubriríamos después, no fue su último viaje, como diría Machado, ya iban cuatro. El 1 de abril de 1959 se presenta la gran obra y se da por finalizada, aunque quedaban piezas escultóricas e infraestructuras de servicios, como el poblado para los trabajadores del monumento, por realizar y colocar.
A partir de aquí comienza la historia de los habitantes y trabajadores de este como barrio de San Lorenzo y de su abandono progresivo, su caída en desgracia política que pasó de la indiferencia de la derecha (UCD, AP, PP) a la perpetua persecución de la izquierda (PSOE, PC, IU, Podemos), pero eso ya es parte del próximo capítulo.




