II. La obra – 1940-1959 – El Monumento Nacional

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Carlos J. Zarco Ibáñez.- La obra del Valle, como todas las grandes obras, siempre están inacabadas, hay siempre cosas que se le unen posteriormente, por lo que ahora nos referiremos a las realizadas desde su origen hasta su inauguración.
Las obras se sufragaron en gran parte con donativos de guerra y dos sorteos de la Lotería Nacional, cuyos beneficios se dedicaron íntegramente a estas. Su coste, según sus arquitectos, fue de 1.086.460.331 pesetas, pero teniendo en cuenta el valor de la peseta estimada en sus casi 20 años de obra, equivaldría a unos 5.500 millones de pesetas del año 1976, al final del Franquismo.
Tuvo una repercusión muy importante en el tema laboral, fundamentalmente en la sierra del Guadarrama cuyas canteras pusieron su fuerza laboral a disposición de la obra y con ellas un gran número de trabajadores que en aquellos momentos, en los que acababa de finalizar la guerra civil y Europa se convertía en un campo de batalla por la II guerra Mundial, tenían un problema laboral acuciante y sin olvidar que en la obra también trabajaron presos condenados por sus acciones en la Guerra civil y que a través del Patronato para la redención de penas, quedaron adscritos a la obra. A este tema se le da en la actualidad mucha importancia, por lo que le dedicaremos un artículo exclusivamente dedicado a la fuerza laboral de la obra, más adelante.
Pero todo parte del Decreto de 1 de abril de 1940, que es cuando se decide levantar este monumento a los caídos en la recién terminada guerra civil y se crea la “Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos” que es el propietario, tal y como figura actualmente en el Registro de la propiedad de San Lorenzo de El Escorial.
Como figura en el decreto, la voluntad de grandeza no sólo está en la idea fundacional si no que queda plasmada en la de sus dimensiones fabulosas que le dan una singularidad única y no siempre bien entendida.
Lo que destaca por encima de todo es la gran obra de cantería que nuestros más cercanos canteros serranos dejaron plasmados en la inmensidad de esta, como la que dejaron sus ancestros en el Monasterio de El Escorial.
Curiosamente, al igual que en el Monasterio de San Lorenzo el mando arquitectónico estuvo en manos de dos arquitectos, Pedro Muguruza, que dirigió las obras hasta 1949 y que, tras su enfermedad, que le aparta de la dirección de las obras, es sustituido por Diego Méndez que lleva las mismas a su finalización. Ambos dejaron su impronta en la obra final.
En 1941 se realiza un concurso nacional de anteproyectos, pero que no obligaba a realizar el proyecto que consiguiese el primer premio, como así ocurrió, los arquitectos tuvieron una discrecionalidad de actuación muy importante y sin detenernos en las especificaciones y particularidades técnicas de la obra podríamos hablar de una cierta independencia en la realización de cada una de sus partes que cronológicamente serían:
La perforación del Risco de la Nava para la realización de la gran Basílica y que fue realizada por la Empresa San Román, comenzada en 1941.
En 1943 se inician las obras de la parte posterior, donde se encontrarán la Hospedería y el centro de Estudios sociales y se comienzan a realizar los muros de contención de la Exedra de la Basílica. Estas obras se vienen elaborando hasta 1949 cuando Méndez se hace cargo de la obra.
En 1950 se inician las obras de la gran cruz y se aprueba el proyecto de la Basílica y en 1952 se realiza la ampliación del hueco de la Basílica que había quedado muy angosto para el proyecto aprobado.
Se comienza la gran explanada de 300 metros que dan la amplitud necesaria para destacar la monumentalidad de la obra entre 1953 y 1954 y la carretera de circunvalación.
En 1955 comienza la obra del revestimiento de cantería de la Basílica con sus accesos, el crucero, la sacristía, coro, naves y las capillas laterales.
En 1956 se comienzan las obras de alajamiento de las capillas, solados y cerrajería.
Entre 1957 y 1958 se realiza en la parte posterior la obra del pórtico, el gran claustro, el convento y la escolanía.
En 1959 se termina la arquería de entrada para inaugurar la Basílica casi a la vez que se realiza el traslado de los restos de José Antonio Primo de Rivera desde la Basílica del Escorial a la Basílica del Valle.
Se ha de decir que las obras de la gran Cruz se realizan a la vez que se están colocando las esculturas de los Evangelistas y las Virtudes de Juan de Ávalos, entre los años 1952 y 1955.
Posteriormente a su inauguración se realizaron las obras de las viviendas para los empleados y obreros de la Fundación.
De la monumentalidad de la obra nos dan idea las dimensiones de lo más destacado de esta, una gran Cruz de 150 metros de altura desde su base, siendo 300 los metros desde la explanada de acceso, una cripta de 260 metros de longitud y una explanada de 300 metros.
“Es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos, que desafíen al tiempo y al olvido, y que constituyan lugar de meditación y de reposo en que las generaciones futuras rindan tributo de admiración a los que les legaron una España mejor.” (D. 1 de abril de 1940).




