Historia Compañía de teatro Carlos III VII acto

Paloma Andrada Pfeiffer.- En el acto VII, relato lo intensos, duros y minuciosos que habían sido los ensayos, y la dificultad del montaje de “La Regenta”, pero aún así, lo que habíamos disfrutado todos nosotros, hay que trabajar duro, pero merece la pena cuando el resultado es bueno y recibes los aplausos del público, que es en realidad, para quién lo creas, sin él no seríamos nadie.
En este VII acto quiero alabar el trabajo tan genial de todo el equipo: la magnífica dirección de Álvaro Custodio, logrando la coordinación de todos los actores, voz en off, cambios de escenografía, etc, la perfecta transformación del vestuario de los fondos del Ministerio, en preciosos trajes de época, como siempre, arreglos dirigidos por Isabel Richard y sus ayudantes, la acertada escenografía realizada por Carlos Eloy “Chan”, la caracterización de Ana Blasco con resultados increíbles, la coreografía de Marta Guisado, luchando por enseñarnos el rigodón.
La maravillosa interpretación de todos mis compañeros, especialmente de Primitivo Hernández Sampelayo, como Quintanar “El Regente” (mi marido), de Pablo Campos como Álvaro Mesía (mi amante), Rafael de Blas, en el Magistral, Isabel Alfaro en el papel de madre del Magistral, Nieves Ortiz de Zarate como La Marquesa y Carmen Gallegos “Zita” en el papel de mi criada. Un conjunto de cosas, que ensambladas, lograron que fuera un éxito.
Otra cosa que no conté, fue que para representar mi papel, me pidieron que adelgazara, yo había hecho muchos regímenes, sin éxito (pesaba unos kilitos de más), pero esta vez tenía una finalidad tan importante, que con mucho esfuerzo, lo logré.
Fue el papel de mi vida, nunca lo habría soñado cuando decidí formar parte de la Compañía.
El buen rollo entre todos, lo que gozábamos creando poco a poco nuestros personajes, viendo cómo lo íbamos logrando, las reuniones como amigos, tomándonos una copa y bailando después del “trabajo”, también contribuyeron a que todo saliera perfecto.
El año 1984, se cumplían los 100 años de la publicación de la novela “La Regenta” y Massip, el entonces alcalde de Oviedo, propuso a la Asociación que, con este motivo, representáramos la adaptación durante dos días en el Teatro Campoamor.
Cuando nos lo comunicaron no dábamos crédito, unos aficionados actuando en un teatro tan famoso, era más de lo que hubiéramos imaginado jamás.
Todos estuvimos dispuestos, (aunque hubo que hacer alguna sustitución, por culpa de los trabajos), hubo que volver a ensayar.
Se preparó todo, tarea complicada, pues había que trasladar escenografía, vestuario, utilería etc, y para allá nos fuimos en autobús entusiasmados. ¡Qué emoción!
También vinieron con nosotros las parejas de los actores y actrices que estaban casados, y miembros de la Asociación.
Luis Antonio Robles, los Fernández de la Peña alias “Eloy” y José (que Álvaro le dio el papel de Capitán Bedoya, para que participara en la obra).
Fuimos dos días antes, para adaptar los movimientos al nuevo escenario. Nos hospedamos en el Hotel Principado, cerca del teatro.
Os podéis imaginar la expectación que había en Vetusta, lugar donde transcurre la novela y que, buena parte de la ciudad, habría leído.
Qué impresión da actuar en un lugar donde se celebran eventos tan importantes. Todo salió perfecto, llenamos los dos días, la obra gustó, las críticas fueron buenas en general, aunque no todo el mundo vio representados a los personajes como los había imaginado al leer la novela, “natural”.
Hay un libro, editado para la ocasión, con la adaptación y los nombres de los actores que la representaron, el equipo técnico y la dirección. El ayuntamiento de Oviedo se portó divinamente con nosotros, al terminar la función nos obsequió con un cóctel en el Hotel Reconquista, para presentarnos a las autoridades, todos nos felicitaron y nos hicieron muchas entrevistas.
Por las noches nos íbamos de juerga, pero José dormía con Robles y no venía, un día llegamos tan tarde a dormir que nos encontramos a los miembros de la Asociación que se iban de excursión, la mirada de “odio” que me dedicó mi marido, no lo olvidaré nunca (como que le gustaban a él las juergas). Cómo lo pasamos, ¡fue genial!
Pero la guinda fue cuando fuimos invitados a representarla en México, en el “Festival Cervantino” a través de los Custodio, donde habían vivido varios años.
No creíamos que iríamos, pero los miembros de la Asociación hicieron las gestiones pertinentes y allá que nos fuimos, con todo pagado y dietas. También hubo que hacer sustituciones.
¡Qué viaje!, desde que nos subimos al avión, hasta que volvimos con “Jet lag” incluido, fue increíble.
Estuvo maravillosamente organizado, tuvimos una guía encantadora y un autobús a nuestra disposición, nos alojaron en buenos hoteles y actuamos en Méjico D.F., Guanajuato, Pueblo y Aguascalientes.
La obra gustó muchísimo, pero nos chocaba que los espectadores mejicanos, se rieran en momentos diferentes.
Lo pasamos estupendamente, visitamos lugares preciosos, como las bases de templo, Cuernavaca y, por las fechas, tuvimos la suerte de ver algún cementerio, con sus altares, espectáculo original y curioso para nosotros.
Es un país maravilloso, alegre de colores vivos, sus gentes son muy simpáticas y la comida deliciosa.
Como no llevábamos al actor que hacía de monaguillo, pues solo tenía dos apariciones, sin hablar, en cada sitio contrataban uno. En uno de los teatros, al ensayar, vi a un negrito de labios gordos, pregunté quién era y me dijeron que el monaguillo, o sea el que me tenía que besar al final de la obra.
Tal fue mi cara de asombro, que me dijeron que no habían encontrado otro y cuando llegó la escena en que yo caía desmayada, vi como se acercaba a mí y se mojaba los labios previamente. ¡La cara de asco que puse!, me hubiera gustado que la viera el público, no habría tenido que actuar.
Otra anécdota divertida fue que yo, como me tenía que cambiar tantas veces de ropa y con mucha prisa, no me daba tiempo a bajar del camerino. En el primer cambio no había nadie mirando, pero en el segundo tenía espectadores, sentados en un banco, para verme. Les miré con una sonrisa y seguí con lo mío, no tenía tiempo de vergüenzas.
Qué pena nos dio volver, aunque todos estábamos deseosos de ver a nuestros seres queridos.
Unos meses más tarde, teníamos reservadas unas fechas para reponerla en el Real Coliseo pero, en esos días, Álvaro estaba indispuesto. Se nos expuso, y como nos hacía tanta ilusión, cada uno de nosotros nos comprometimos a ensayar y a colaborar en lo que hiciera falta. Lo logramos, éxito a teatro lleno.
Es una lástima que esta magnífica versión de “La Regenta” no haya tenido tanta repercusión como otras. Hay pocos vídeos, y no sabemos si se han perdido, porque se podrían colgar en las redes sociales.




