Felipe III, los jardines como escenarios de corte y ocio

CARMEN LUENGO.- A la muerte de Felipe II en 1598 habían concluido las obras de El Escorial. El monasterio en 1595 con la consagración de Basílica y la Granjilla de La Fresneda en 1575, lugares que contaban con perfectos jardines renacentistas, que transmite a su hijo y heredero Felipe III el Piadoso, que será rey de España y Portugal hasta su muerte en 1621. Fueron años en que España alcanza su máxima expansión territorial y un tiempo de paz exterior conocido como la Pax Hispánica, y también años de crisis económica en el interior.
Felipe III fue un gran aficionado a la caza, al teatro y a la pintura. En estos años se inicia el Siglo de Oro. Tiempos de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo o Góngora.
También fueron años de grandes expediciones científicas, geográficas y náuticas.
Las expediciones científicas americanas dan lugar a la Botánica y medicina colonial, convirtiendo esos territorios en gigantescos laboratorios donde se estudiaron plantas medicinales, nuevos alimentos, especias. Nuevas plantas ornamentales para los jardines reales como el girasol, la dalia, la algunos cactus y suculentas americanas como agaves y áloes. Frutales y exóticos como el nogal americano, chirimoyo, cítricos asiáticos, mango experimental.
Vía Filipinas llega el mango, el jengibre, la Canela, y variedades de arroz oriental, que junto a alimentos como el cacao, el maíz, la patata o el tomate, convierten las huertas reales en el “I+D agrícola” del imperio.
Durante el reinado de Felipe III se consolidan en Europa muchos cultivos resultados de aquellas expediciones. En aquella época Europa estaba literalmente rediseñando su dieta, su medicina y sus jardines.
Respecto a los jardines, Felipe III tuvo una relación muy diferente a su padre. Se preocupo de mantener el trazado original de los jardines renacentista de El Escorial, conservando estrictamente los espacios, pero su uso va a cambiar y se van a convertir en escenarios de corte y ocio, se trata de un monarca cortesano, que gobierna mediante válidos y disfruta con la vida palaciega y la caza, que encuentra en El Escorial un lugar perfecto para ello. Durante su reinado se intensifica el uso cinegético y se integra en la red de Reales Sitios de caza.
El uso de los jardines se refuerza como lugares de retiro natural y palaciego. Se continúa utilizando El Escorial, como residencia temporal, especialmente en otoño, temporada de caza, y en periodos de retiro o ceremonias religiosas. Los jardines se convierten en lugares de paseo, espacios donde los cortesanos se reúnen para sus relaciones sociales.
Las Huertas Reales pasan a ser lugares fundamentales por la necesidad de producir verduras, plantas medicinales y flores, tanto en el monasterio como en La Granjilla, muy importantes en la alimentación de la corte que realizaba estancias cada vez más frecuentes.
En esta época La Granjilla de La Fresneda se convierte en un lugar clave de su reinado como verdadero jardín de recreo. Se trata de un espacio de ocio menos rígido que el monasterio y por ello las visitas se intensifican, llegando a considerarse un auténtico jardín de recreo cortesano, integrando bosques, cercas, caminos, huertas y jardines. Jardines que van a continuar siendo renacentistas, geométricos y funcionales.
Respecto al cuidado de estos jardines se realiza una continuidad técnica de la plantilla heredada.
Jerónimo de Algora es el Maestro jardinero a finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Se encargaba de la conservación de los jardines, desde el riego al mantenimiento de las huertas y a la gestión del personal, contando para ello con el jardinero mayor, hortelanos reales, guardas del bosque, acequieros, ayudantes de jardín y mozos de huerta, personal que se encargó, junto a los monjes jerónimos, del mantenimiento del sistema hidráulico, de las reposición y nuevas plantaciones.
Las huertas eran piezas fundamentales y son los frailes jerónimos, que vivían en el monasterio, siguiendo una regla austera basada en la oración, el estudio y el trabajo manual, quienes fueron la pieza fundamental en el mantenimiento de las huertas de El Escorial, un sistema agrícola enorme destinado a alimentar a la Comunidad de los frailes, a los criados, a los invitados reales, a la corte y a proporcionar materias primas a la botica.
El trabajo de frailes y laicos no era el mismo. Los frailes que en muchos casos tenían formación herbolaria, botánica y médica, se encargaban de que los cultivos incluyeran las plantas necesarias. También se encargaban de planificar y supervisar los cultivos, de cavar y plantar, de la recolección para el refectorio, de la rotación de cultivos y selección de semillas.
Se cultivaban verduras y hortalizas: coles, nabos, acelgas, espinacas, lechugas, cebollas, ajos y zanahorias; legumbres: garbanzos, lentejas y habas; plantas medicinales para la botica monástica: salvia, romero, lavanda, melisa, ruda, manzanilla, hinojo; frutales: manzanos, perales, ciruelos, cerezos, membrillos y nogales. El monasterio era famoso por sus conservas y frutas secas.
La Farmacia Real exigía disponer de las plantas necesarias para la elaboración de los medicamentos en la botica, remedios que eran prescritos por los médicos a los enfermos que los frailes cuidaban.
Las huertas garantizaban una alimentación estable todo el año, disponer de reservas en los largos inviernos y disponer de una asistencia sanitaria permanente. No era fácil cultivar estas huertas, las heladas eran frecuentes, había que reparar acequias y replantar frutales constantemente y contar con años de malas cosechas. La sierra de Guadarrama no era un lugar fácil para cultivar huertas.




