“ESCORIAL, S.L.” (y segunda parte)

Fernando Del Campo Fernández-Shaw.- Pues paralelamente a esta segunda y última parte de mi artículo anterior, he vuelto a coincidir, por segunda vez, con mi amigo (ya más que “conocido” pero, sinceramente, no “amigo de toda la vida de los que cuentas con los dedos de una mano…”), tras su descanso estival y con el que pude continuar y terminar de compartir nuestras similares (y distintas) formas de ver cómo estaba nuestro patio local.
Este “gurriato de adopción”, retomando el contexto de nuestra agradable charla, habiendo madurado y “rumiado” las reflexiones que ambos fuimos poniendo sobre la pequeña mesa que teníamos entre nosotros y que quedaron en nuestras cabezas, empezó lamentando algo que me alegré mucho de escuchar y sobre lo que ya he abundado: el talento desperdiciado que hay en nuestro pueblo.
Y sin entrar a valorar si el talento uno lo tiene porque se nace con él, porque se trabaja o por lo que sea, esta capacidad, innata o adquirida, es muy, muy importante…pero hay algo que lo supera: la voluntad. Ay, volvemos a otra reflexión ya expuesta en estas páginas: si se quiere hacer algo, si se puede hacer algo o si se sabe hacer algo…; para las dos últimas podría haber ayuda externa…para la primera me temo que no.
Porque para gestionar un pueblo hay que tener ganas… y sí, por ser educado, omito otras cosas que se deberían tener…o no.
Vuelvo a explicarme. En ese paralelismo del artículo precedente, entre gestión local (municipal y pública) y gestión empresarial (privada) tanto para una como para la otra es fundamental el conocimiento, la formación, los medios y herramientas disponibles,… pero todo esto está sometido a “querer hacerlo”, “querer dar el paso”… y, tanto mi amigo como yo sonreíamos al coincidir en personas aptas para esa gestión; y es que unos quieren pero no pueden y otros pueden pero no quieren… y así, tan ricamente, la sonrisa, ya en el límite de la risa, se iba tornando en un tímido y disimulado gesto de impotencia, tristeza y silencio…
Nos quedamos, por preocupante, en aquellos que “pueden pero no quieren” …; es decir, que tienen capacidad, tienen formación, tienen situación (laboral – profesional – personal – económica – … más o menos estable…) que les permitiría afrontar ese reto, dirigir esa fuerza a través de su libre albedrío…pero no. Va a ser que no. “Lo que me faltaba, meterme en política…”. “Pues ni borracho, como todos esos que están ahí para…”. “Yo tengo la vida muy tranquila, veo los toros desde el burladero…”. O la célebre y popularísima “la política es una mierda…” ¿Nos suena a todos, verdad? Porque sí, la política, ahora mismo, es con toda probabilidad, uno de los sectores más denostado, más atacado, más vergonzante e indignante… y seguramente con razón. A las pruebas nos remitimos día sí y otro también… Pero ¡ehhhh!… no metamos a todos los políticos en el mismo saco, me niego. Y, con la duda razonable de mi amigo, quizá los políticos “locales” sean los que, de alguna forma, puedan dignificar la política (local) de barrios, de calles, de gentes, de historia, de paisajes, de senderos, de fiestas, de teatros, de bares… Porque, posiblemente, esta política local no debería llamarse así, sino “gestión local” con “gestores locales” de un pueblo; desmarcarse de lo que hacen la mayoría de los políticos autonómicos y nacionales, desmarcarse del alejamiento y procurar la cercanía, desmarcarse de votaciones realizadas con fines políticos y procurar votos a favor de mociones provechosas para el pueblo aunque provengan de sensibilidades distintas e incluso opuestas…en fin… ¡tantas cosas que gestionar entre tanta gente cercana!
Ya. Vale, mi amigo empieza a sonreír otra vez y se hincha de optimismo valorando su decisión de intentarlo cuando, de repente, pasados unos segundos me pregunta con una súbita palidez… ¿Yo solo? ¿Y quién me acompaña?
Y ya, una vez más, hemos llegado a donde todo se paraliza: el grupo, el equipo humano que interviene en la gestión… ¿Cuántos se sumarían a la voluntad de mi amigo? ¿Cuántos coincidirían en la forma de entender “la gestión (no política) de un pueblo? ¿Cuántos “se comprometerían a…” o “renunciarían a…” o “se sacrificarían por…”? Porque, en un hipotético y casi imposible caso, ¿estarían todos capacitados para participar activamente en la prosecución de una meta común subordinando los intereses personales a los objetivos del equipo de gestión? ¿Dejarían todos sus “colores políticos” autonómicos y nacionales para lucir un solo color o, dicho de otra manera, lucirían una gama de colores según las decisiones adoptadas que beneficien al pueblo? Nuestro pueblo es especial, es distinto…es único, por eso requiere de una gestión especial, distinta y única, diferente a la de otros; el famoso triángulo historia – cultura – naturaleza que impregna a San Lorenzo produce unos intereses públicos y privados complicados de gestionar, pero no imposibles.
Ahhh, la gestión de los egos y del liderazgo en los grupos y equipos de trabajo… qué apasionante pero qué complejo.
Otro amigo mío (amigo de verdad), con cierta experiencia en gestión de proyectos, me comentó hace poco que renunciaba a formar parte del equipo de dirección de un proyecto porque él ya no se consideraba importante porque no dirigía lo suficiente…
Y en ese contexto, reescribo parte del párrafo final del artículo anterior: “…Quizá haya que llegar a acuerdos con otros…quizá. Quizá haya que ceder un poco…quizá. Quizá haya que tener empatía con el otro…quizá…” Y añado que quizá haya que gestionar el ego de cada uno redireccionándolo al único ego posible: el de nuestro pueblo. Equilibrio.
A mi conocido le ha cambiado el semblante, ahora ya transmite paz y cierta tranquilidad: acaba de decidir no complicarse la vida… ¡que se la compliquen otros! Se “repanchinga” en su silla y se pide otra cervecita fresquita. Tan ricamente.
Pero ni estamos tan cerca, ni estamos tan lejos… estamos como nos merecemos y recogemos lo que sembramos. l




