Entrevista con Ernesto Crespo García, Pintor

ADRIANA RAMÍREZ FÉ.-Tres años y medio han pasado desde que Ernesto y su esposa Flavia llegaron de Cuba, atraídos por seguir certificando su formación y, también, por una oferta subyacente en España tras exponer él su obra en Beirut. Han echado raíces y para que su arte florezca han creado El Invernadero en la Leal Villa de El Escorial, en el que van regando sus ilusiones para convertirlo, gota a gota, en un punto de encuentro cultural. Nos entrevistamos con él, por el gancho que supone su primera exposición individual en una conocida sala de Madrid este mes de enero.
¿El arte te viene por vocación? ¿Por don?
Es mi manera de expresarme. Realmente he intentado hacer muchas cosas, incluso de otros oficios, pero el arte y sobre todo la pintura es de las cosas que más fáciles se me dan. También siento que influyó mucho mi papá como carpintero en Cuba, y ese misticismo de darle forma a un tronco de madera y convertirla en un sillón, para mí de niño era algo mágico. Mi proceso creativo y mi pintura se ha influenciado del concepto de realismo mágico que es muy latinoamericano. Y empezó poco a poco a fundirse el interés con la práctica, en la escuela de niño yo era quien hacía las láminas de biología para las clases porque no habían las condiciones para imprimirlas. Y los juguetes, había mucha precariedad, y dentro de la precariedad uno buscaba siempre la creatividad. Por ejemplo para hacer un coche usaba las tapas de botellas para hacer las ruedas, usaba coco y semillas para hacer barcos, palos y ramas que simulaban formas como instrumentos, etc. Yo creo que se iba activando la curiosidad y el efecto de saber que las cosas se podían construir bajo el concepto de más con menos, yo creo que eso de alguna manera fueron los primeros incentivos en relación al arte.
¿Qué recuerdos tienes de tus primeros pasos como artista?
En la escuela, en cuarto grado, tuve un profesor que tuvo un curso de pintura muy básico. Este maestro llevó una caja de jabones que eran duros como en mármol, eran viejos, de un almacén. Y entonces nos dijo, hoy no toca pintura, hoy toca escultura. Y empezamos a tallar en aquellos jabones, con pequeños y instrumentos de metal, que él nos proporcionaba, y a mí me salió un retrato. Y entonces de alguna manera el profesor vio en mí como cierto vínculo con relación a darle forma a cosas. A partir de eso este profesor y mis padres me apoyaron en esos primeros pasos, tanto cases particulares como talleres creativos en las casa de cultura de mi pueblo natal. Poco a poco con mucho esfuerzo, me preparé durante años con profesores para realizar las pruebas de aptitud a la Academia. En Cuba es muy normal que los artistas empiecen muy temprano. En las escuelas de artes conviven todas las manifestaciones artísticas, pintura, música, teatro, danza, esto para un estudiante es genial.
¿A partir de ahí?
Estudié tres años en una academia que hay muy cerca de mi pueblo llamada “Eduardo Abela” conocida como (Amparucha). Y luego, por distribución del país las escuelas de arte se modificaron y nos mudaron a La Habana, donde terminé mi cuarto año y mi tesis. Eso fue un cambio cuantitativo para mí como estudiante, tuvimos que cambiar de entorno, de profesores, de estudios, pero también fue la oportunidad de conocer grande artistas cubanos, museos, y conocer la dinámica de La Habana como ciudad. Siempre fui desde estudiante muy trabajador, pintaba mucho, en mi exposición de tesis, conocí muchos profesores que después llegaron a ser mis amigos y me ayudaron a insertarme en el circuito artístico.
¿Siempre expusiste en Cuba?
No. Mi primera salida de Cuba surge después de esta tesis, estas pinturas les encantó a una gran artista y amiga y me presentó una galería en Beirut, Líbano para exponer. Tenía 19 años, salir de Cuba era y sigue siendo muy complejo y más tan joven. Ese viaje fue un choque de realidad, estuve cuatro meses preparando esa exposición y luego regreso a Cuba nuevamente. Cuando vuelvo a Cuba hago el servicio militar obligatorio y, después, decido presentarme a los exámenes de la universidad (ISA). Pero no fue por la especialidad de pintura sino por diseño escenográfico, en esos cuatro años de universidad entendí que no es lo mismo la pintura que el teatro. Además, la pintura tiene una particularidad que es muy individual. El artista está en su mundo muy íntimo, pero el teatro te abre mucho la mente, porque tú tienes que trabajar con equipo y hacia un público enorme, que te está mirando activamente, en vivo. Este mundo me hizo creer nuevamente en la magia de cómo se construye una escena, el artificio que hay detrás de los telones. Y yo creo que eso ha influenciado de alguna manera mi pintura. Bueno, de hecho, las dimensiones que vemos aquí son importantes.
¿Cómo es tu proceso de creación?
Para pintar estos cuadros muchas veces uso maquetas que confecciono con mis manos, como modelo para después ser pintadas. Mi trabajo gira en torno a la construcción de la imagen, dentro de los lenguajes pictóricos, instalativos y cinematográficos. Contar historias siempre ha sido una afición para mí, mi obra es una respuesta sensible al mundo que me rodea, esencialmente a la naturaleza y al sentimiento humano. Actualmente trabajo con la Galería Lariot Collective, es una galería que nace en Londres y ahora radica aquí en Madrid. Cuando Carla y Luca (los directores) deciden contactarme y ofrecerme trabajar con ellos yo estaba en Cuba preparando todo para el viaje a España. En ese momento la Galería no sabía cuánto podía demorar todo el proceso de mi viaje viniendo de Cuba. A partir de entonces formo parte de la nómina de esa galería. Hemos ido a ferias de arte, exposiciones, tanto en Londres como aquí en Madrid.
¿Por qué elegís El Escorial?
Tenemos un amigo, se llama Michel Pérez Pollo, que también es artista y él vivía aquí en El Escorial con su familia y de alguna manera fue el que nos ayudó a venir, nos abrió su casa mientras estuvimos buscando dónde vivir. En El Escorial somos varios artistas cubanos de diferentes generaciones. En la generación de mis profesores viven y trabajan aquí Michel Pérez (Pollo), Alejandro Campins y su esposa también artista Yanelis Mora Morales, Osvaldo González Aguiar y por la generación más joven Fabián Gleze, Eliane Adela Padrón, Flavia Fuentes y yo.
¿En qué momento nace El Invernadero?
Hace nueve meses decido junto a Flavia arrendar un local para que fuese nuestro taller, nuestro espacio de creación. ¿Y por qué? Para que la gente lo sepa. Todo surge por una necesidad básicamente. Estaba preparando una exposición el año pasado en Madrid y trabajamos en el salón de casa. Y el principal problema fue el espacio para el tipo de obras que trabajo y el horario doméstico también era un poco complejo. Tenía muy claro que el local necesitaba ciertos requisitos, como la altura al techo porque mis cuadros son grandes, que tuviera una vidriera que nos brindara luz natural en el invierno sobre todo. Es un espacio que se pensó para uso privado en un inicio pero que ha tomado iniciativas de personas del Escorial y hará en su momento exposiciones y apertura al público local. Este estudio le decidimos bautizar de nombre “El Invernadero”.
¿Por qué lo llamasteis así?
Pensamos en muchos nombres, pero nos definía muy bien como personas y como artistas el concepto de lo que pasa dentro de un invernadero. Es un espacio donde la creación está en proceso de crecimiento y cuidado, donde se puede convivir y se sigue construyendo la magia.
Estás en víspera de exponer nada menos que en Madrid ¿Qué se van a encontrar los visitantes?
El día 10 inauguro, de la mano de la galería Lariot Collective que me representa, “El bosque” en una sala en la calle de Alejandro Sánchez, 113 de Carabanchel. Es una exposición inmersiva de pintura y escenografía, desde la pintura intento narrar una historia que sucede en ese bosque. La Exposición está conformada por siete pinturas y una gran escenografía, mi idea es que sientas un espectador curioso ante tus ojos. Que atravieses la incertidumbre pero que salgas sanado.
Esta muestra sale de los paseos que suelo hacer por la montaña y el vínculo con el paisaje del Escorial, en cierto punto creo que se lo debo a este lugar. qué tipo de gente digamos docta en pintura qué tipo de pinturas sueles hacer por qué y cómo has elegido el tipo de pintura que has elegido para la exposición.
¿Qué técnicas sueles utilizar?
Normalmente pinto óleo sobre lienzo, los formatos también tienden a ser grandes para buscarte esa monumentalidad como lo es el teatro. En este caso el realismo en la pintura en mi manera de narrar, siempre con la premisa de economizar en el recurso artístico, el más con menos es algo que me interesa. A mí me interesa mucho pensar en la idea y fundamentarla de forma mental y eso cuando lo tienes concebido lo ejecutas mucho más rápido.
Desde hace unos años vengo estudiando el color verde, y mis cuadros actualmente tienen esas gamas. El verde es un color versátil, se quiebra, se enfría y si tiene que aproximarse más a la tierra puede llegar hacer cálido. Pintar también es un poco economía de la propia pintura con los recursos que tenemos. Recuerdo de niño hacer acuarelas con la misma tierra de mi pueblo. Alquízar es un pueblo de campo donde hay mucho cultivo; la tierra es roja. Eso me dio material para crear. Desde hace tiempo vengo pensando en intentar hacer esos mismos ejercicios. Eran muy humildes en ese sentido. Al final mis procesos creativos son sencillos, curiosos e intento mantener vivo ese niño interior.




