El secreto de Filiatro

Carmen Villanueva Cueva.- Yo misma estoy tan admirada de este nuevo “secreto en el Monasterio” que, al mismo tiempo que escribo agradezco en mi interior la gentil aceptación de su publicación en nuestro periódico. Como he dejado escrito en varias ocasiones, la mayoría de los temas y contenidos de mis anteriores artículos no tienen esa característica que exige la curiosa y atractiva palabra “secreto”. Pero el tema de hoy necesariamente obliga a utilizarla de nuevo. Pero empecemos indicando que tiene relación con la Botica del Monasterio. Esta botica que ensalza el P. Sigüenza y describe en su libro de la Fundación del Monasterio en un escueto recuento de “destilatorios, nuevos modos de alambiques, unos de metal, otros de vidrio, con que se hacen mil pruebas de la Naturaleza, y con la fuerza del arte y del fuego y de otros medios e instrumentos descubren sus entrañas y secretos”. Es la maravilla que se ejerció y se ejerce en tantas boticas que se fundaron por doquier. Todo llega aquí, al Monasterio, y así se conocen las investigaciones y publicaciones del famoso Conrad Gesner, médico, naturalista, un sabio en definitiva. Y en nuestros días dos profesores del Monasterio, Andrés Manrique y Agustín Fernández, ambos agustinianos –ambos fallecidos recientemente– emprendieron esta dura tarea. Y ahora, por fin, señalo qué es el secreto del que quiero hablar pues los antecedentes ya están definidos: son tres
las personas citadas, personajes las tres, y dos de ellos, los últimamente nombrados, pertenecientes al siglo XX son los autores de un serio estudio sobre el tercero que cité antes: Conrad Gesner. Fue publicado por el Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas que dirige el P. Javier Campos. Se me permita ahora identificarle como Evónimo Filiatro, pues de tal forma quiso él aparecer
en su obra titulada: “Tesoro de los remedios secretos”, resultando un extraordinario volumen para conocer una surtida y numerosa clase de medicinas, cosméticos, aceites destilados e incluso licores vivificantes. Ese tesoro que es el libro con pseudónimo por autor, me lo regalaron los referidos autores en el año 1996. El libro es de profunda investigación durante todas sus 646 páginas. Claro que lo primero que hicieron es probar que el nombre “Evónimo Filiatro” se refiere a Conrad Gesner, y tras exponer su dificultosa vida realizaron la traducción al español del texto que fue escrito en latín en el siglo XVI.
Y en sus más de 400 páginas hay muchas recetas interesantes para la salud y toda clase de investigaciones alquimistas. Explica el valor de la destilación en numerosas aplicaciones. Preparación de un agua para la epilepsia y otras enfermedades, aguas compuestas para las afecciones de los ojos, agua para el embellecimiento de la cara; aguas para teñir los cabellos. El empleo de aceites de plantas aromáticas y un sinfín de otros entes naturales, y hasta aceites de madera. Y no me detengo en la fabricación de diversos licores
Queridos lectores, no me hago responsable de si todo esto ha levantado el interés por la alquimia y otros saberes, pero me digo a mi misma: si se estudia con la razón despierta las ciencias y estudios que han llevado a cabo tantas personas en el pasado, yo pienso que es de alabar que el esfuerzo de la humanidad en siglos
pasados sea interpretado con sumo respeto porque es merecido el esfuerzo que muestran en escritos. Son cuestiones las de este Evónimo Filiatro que contien en sabiduría, experiencia y valor. Y si la humanidad de hoy deja de ponerse seria y altanera podemos sacar mucho fruto de cuantas cosas se han estudiado en el pasado.




