El molino caído

Detalle de una lámina de Abraham Ortelius de 1591.
Álvaro Esteban Díaz.- Durante la construcción del monasterio de San Lorenzo, Felipe II fue adquiriendo fincas para dotación del mismo que garantizasen su autonomía y sustentación, y en algunas de estas propiedades se fueron construyendo edificios auxiliares para la prestación de servicios tales como: molinos, batanes, pozos de nieve, etc.
Así, a la salida de la dehesa de la Herrería, se construyó entre 1576 y 1577 un molino harinero para uso del convento. Inicialmente se construyeron la presa, el caz y el cubo, del que decían “que es alhaja”, y se finalizó con la construcción de la casa para el molino de dos ruedas, como prolongación del cubo hidráulico. Éste primer molino sirvió al convento hasta que a finales del siglo XVI se hizo el de la Compaña, momento en el cual comienzan los jerónimos a darlo en arriendo, cuya actividad perdurará hasta su abandono a mediados del siglo XVIII. El molino estaría situado en la margen izquierda del “arroyo de la Herrería”, actualmente arroyo del Batán o río Aulencia, en un pequeño triángulo de terreno que queda entre la carretera M-505, la vía del ferrocarril y el arroyo, y que aún pertenece al bosque de la Herrería dentro del término de la villa de El Escorial.
Apenas dos años después, el 3 de enero de 1579 se firma el contrato con los artistas Jacome de Trezzo, Pompeo Leoni y Juan Bautista Comane, para realizar las obras del altar mayor de la basílica bajo las trazas del arquitecto Juan de Herrera, así como de otras obras menores como el enlosado de la capilla mayor. En las condiciones se incluye la necesidad de construir un molino: “Y ten que por ser cossa nesçesaria para parte de la labor de las dichas pieças de jaspe un molino que este su magestad mande que se haga luego en la presa del molino nuebo que se a hecho para el dicho monasterio por quenta de su magestad”; este molino, que no será tal, será utilizado para aserrar, “labrar, bruñir y aderezar el mármol”, con un tiempo estimado para la obra de 4 años. Leoni se encargará de las esculturas en bronce desde su taller milanés, Trezzo del trabajo en los talleres y del montaje a pie de obra y Comane de la extracción de piedra en las canteras y su traslado a los talleres. Pero pronto fallece Comane, encargándose Trezzo también de esos cometidos. El edificio se construye entre 1579 y 1581, cuando inicia su actividad manteniéndose a pleno rendimiento, con las excepciones propias de la carestía de aguas, hasta 1587 momento de la finalización de las obras objeto del contrato. Este edificio pasará a ser denominado como “el molino de su magestad”, al no darse en dotación al convento.
El ingenio, que no molino ya que no servía para moler, será ideado por Juan de Herrera y Jacome de Trezzo, y se utilizará principalmente para el aserrado de piedras duras, pero también para el labrado y bruñido (entiéndase por pulido), de los diversos mármoles, serpentina verde y los durísimos jaspes de los más variados colores, como narra el Padre Sigüenza “… ninguna herramienta ni acero se halló que pudiese domarlo ni vencerlo, así se hizo a costa de diamantes, y con ellos están labradas y torneadas las columnas” y efectivamente se utilizaron abrasivos, tanto el esmeril veneciano como el polvo de diamantes junto al agua para ayudar a las sierras en el desbaste de cortes y su pulimentado, según la correspondencia y datas existentes. El edificio estará situado directamente sobre el cauce del arroyo, arrimado al cubo del molino harinero, sirviéndose de la presa construida con anterioridad. Las ruedas estarían situadas entre una austera arcada de sillares graníticos construidos transversalmente al río, y que soportarían al edificio, bastante más grande que el del molino harinero, tal como lo describe el Manual de Hacienda de 1606: “y antigumte avia junto a este molino en la casa q allí ay grande, cierto ingenio para aserrar las piedras de jaspe que se asentaron en el Altar mayor deste convento”. Como puede observarse en el detalle de la lámina, son dos edificios diferenciados aunque juntos el uno al otro.
En 1591, cuando lleva algunos años abandonado su uso, Felipe II decide que transformarlo en molino de papel, y para ello se traslada maquinaria desde la ceca de Segovia, con el objeto de fabricar papel para garantizar la impresión de los libros del nuevo rezado, cuyo privilegio había sido concedido al monasterio de San Lorenzo. Al fallecimiento del monarca fundador, se abandonará la fabricación de papel por considerar el gasto desmesurado, y así nos cuenta el Manual de Hacienda: “solo se hizo por el gusto y mandado de su magd que aya gloria para aprovechar aquellas casas, de que mucha parte estaba hecha antes desde el tiempo que se labro el altar mayor deste convento porque en ellas avia sierras de agua que cortaban los jaspes y piedras costosas del y acavada aquella obra para provechar algo de la casa se mando y ordeno hacer el dho molino de papel y començado a poner en obra el labrarlo en el se experimento su poco provecho y mucha costa y ansi ceso luego como murió si magd […] entretanto se esta cerrado o medio caydo”. Por caído podemos entender en desuso, abandonado o tal vez arruinado, aunque lo más probable es que estuviera destechado, ya que las cubiertas se sostenían en madera.
¿Pero qué pasó para que acabase en el estado actual, en el que sólo queda un arco y el arranque de otro?
No fue el paso del tiempo, ni tampoco la fuerza de las aguas del río Aulencia, como han señalado otros autores.
A finales de 1805 unas fuertes lluvias provocaron unas importantes avenidas en el arroyo del Plantel, también llamado del Romeral o del Guindal, destruyendo parte del camino de las Navas y de la pared de cerramiento de la Herrería, al haberse anegado los albañales para evacuación del agua. Consultado el arquitecto Juan de Villanueva, discurre que la mejor solución sería construir un puente, y contesta al gobernador “en punto así en el Puentecillo del Arroyo del Plantel camino de las Navas, esta hecho el calculo con inteligencia de que la obra ha de tener el obgeto de unir las dos cuestas en terminos que se suavizen la subida y bajada: digo que én él concepto de hacer una Alcantarilla o Puente que tenga de hueco unas dos varas, y tres o quatro de altura, repito que me pareze no puede exceder mucho de los veinte mil reales de vellón”. El administrador del Real Sitio, Francisco Carmona traslada al Secretario de Estado D. Pedro Ceballos, el plano y presupuesto realizados por el arquitecto, que incluía la extracción de piedra de la Herrería por ser el punto más cercano para abrir cantera. Sin embargo, una imprevista intervención de Bernardo Rivas, aparejador de las Reales Obras de S.M. y del Real Sitio cambiará el plan establecido al indicar al gobernador “… que en el bosque llamado la Herrería, se hallan las ruinas de un molino, y en ellas bastante porción de piedra labrada inutilizada allí, y que sería muy a propósito para la construcción del puente…”. Finalmente el gobernador pedirá al convento que se encargue con su carretería del transporte de la piedra desde el molino caído hasta pie de obra, encargándose del resto de gastos el común del Real Sitio. La comunidad del monasterio, accede finalmente a restituir el camino a su estado precedente a la irrupción de las aguas, ignorando la proposición e interpretando que con ello cumplían con su obligación. Nuevamente el gobernador solicita el real permiso a Carlos IV, para que acceda a abrir cantera en la Herrería por ser el paraje más próximo, ante la respuesta de los Jerónimos. La respuesta del monarca no se hace esperar, denegando el permiso para la apertura de nueva cantera en la Herrería, tratando de preservar lo mejor posible el bosque, pero sí autorizando el desmontaje de la piedra labrada del molino “siempre que sea de su Real propiedad”. Y así se procede entre la primavera y verano de 1806, al desmontaje de sillares, dovelas y losas para trasladarlas al nuevo puente diseñado por Villanueva junto a la puerta de la Herrería en el actual paseo de Carlos III, para que el camino esté terminado en las venideras jornadas reales.
En resumen, hubo dos edificios, el harinero que sólo se utilizó para molienda de grano, y el de su majestad, primero como taller para los jaspes y mármoles, y que abandonada su función original se convirtió en molino de papel por un breve periodo de tiempo, quedando inutilizado a la muerte de Felipe II hasta su desmonte. Y ese será el fin del molino o ingenio de la aserraría de jaspes, también conocido como molino caído o de jade, quedando en su actual estado, y cuya presa se conservó intacta hasta casi finales del siglo XX.




