El jardín de la Casita del Príncipe

Ilustración en acuarela de Carmen Gutiérrez Capistrano (BONCARLA).
CARMEN LUENGO.- En nuestros paseos anteriores hemos llegado a la puerta de la Casita del Príncipe. Podemos considerar este lugar como el gran parque que une a todos los escurialenses.
El lugar ocupa una superficie de 422.877 m², con un perímetro exterior de 2.908 m., que permite unos cuantos paseos diferentes. De esta superficie el edificio que constituye la Casita ocupa 840 m² y la superficie del recinto de la Casita es de 26.500 m², ocupados por el Jardines históricos de este lugar.
Dentro encontramos la Casita, rodeado por los jardines de estilo francés, con parterres geométricos, que tanto gustaban en la época. Esta parte, Casita y jardines, cuenta con un cerramiento protector propio, con cuatro grandes puertas de las cuales solo una permite el acceso. Las otras puertas, igual de maravillosas, se abren en ciertas ocasiones.
Debemos de entender que toda esta superficie formaba parte del Real Bosque de San Lorenzo de El Escorial, una superficie sin población, que rodeaba el Monasterio y que Felipe II quería proteger. Fue Carlos III quien manda dividir las fincas cercanas a palacio y permite la construcción en torno al Monasterio. En este caso se trata del pabellón de recreo para uso de Carlos IV, por entonces Príncipe de Asturias, en un bosque de robles, entre el Monasterio de El Escorial y el núcleo urbano escurialense. Se trata de un lugar de recreo para uso del Príncipe, pero no de una vivienda. El Príncipe debía volver al Monasterio todos los días.
El gran parque del que he hablado antes y que rodea edificio y jardín, también está rodeado de una alta pared de piedra, que protegía en entorno, donde todavía podemos ver en la parte baja del muro, las aberturas que permitían en paso de los animales.
Entramos en este lugar dejando a nuestra izquierda un aljibe de riego y comenzamos a bajar por una pista asfaltada, maravillosamente señalizada y enmarcada por unos pinos altísimos que nos llevaran hasta la glorieta en que encontramos a nuestra derecha una de esas puertas por las que podemos vislumbrar el edificio y sus jardines. Estará cerrada. Debemos avanzar u poco, rodeando su pared, hasta llegar a la entrada abierta al público.
Debemos tener en cuenta que este edificio se construye en dos etapas. En la primera fase, 1771-1775, se construye el cuerpo central con el piso superior y los pabellones laterales. El cuerpo perpendicular al conjunto del edificio, ocupado por el comedor y el salón del café, corresponde a la segunda etapa, entre 1781 y 1785. Los dos pequeños pabellones laterales quedan unidos al palacete por unos pórticos toscanos. El pabellón de la derecha debió formar parte del recinto cortesano y el de la izquierda se usaría como cocina y estancia de los criados. La fachada del edificio, de 27 m., recuerda a la del Museo del Prado, a un tamaño mucho menor.
Actualmente, si nos situamos frente al edificio, encontraremos en la parte de la izquierda la oficina donde podremos sacar la entrada para acceder a la visita del interior del edificio.
A la derecha encontramos un área de restauración muy agradable. Hasta hace unos años eran Felipe e Isabel los que atendían el lugar donde las setas eran protagonistas. Ahora el lugar esta regentado por otra estrella de la restauración y la pastelería en nuestro entorno, Paco Pastel, que en su moderno restaurante nos ofrece una cocina muy agradable y donde encontraremos una pastelería estupenda, como “el pastel de la Casita del príncipe” creado en el año 2024, bajo el lema naturaleza, arte y gastronomía, por Lucas González.
Pasamos entre oficina y restaurante y accedemos a la primera parte de lo que podemos considerar ya el Jardín Histórico.
Frente a nosotros, nos encontramos con una plaza circular central con una fuente y ocho calles radiales con setos de boj. Un lugar asombroso en el que siempre encontraremos flores de temporada, muy cuidadas que hacen que todos los acuarelistas de nuestro entorno hayan dedicado un tiempo a plasmar su encanto.
Los jardines se conservan, aunque desvirtuados por la plantación de secuoyas y pinsapos, consecuencia del paso de la Escuela de Montes por estos entornos, al igual que sucedía en la Casita del Infante, algún gigante encontramos aquí también.
Sobre el acceso al interior de palacio, cuya puerta tenemos frente a nosotros, deciros que yo lo dejo para el final. Es muy representativo de la decoración del siglo XVIII. Ha sufrido numerosos cambios, la primera después de la invasión francesa, que obligo a Fernando VII a redecorarlo. Alfonso XIII restauro el mobiliario en el siglo XX y hace unos años hemos podido comprobar la restauración de las sedas de las paredes del interior, conservando el estilo pompeyano y etrusco. Entre los elementos decorativos encontramos números relojes a los que era tan aficionado Carlos IV así como otros elementos de colección, tan al gusto de la época.
Por los laterales de esta parte central del edificio encontramos el acceso a un jardín posterior, que dejaremos para otro día.
Fue declarado Jardín Histórico-Artístico en el decreto de 3 de junio de 1931.




