El ferrocarril Madrid-El Escorial (y II)

VICENTE M. ROSADO.- Por fin llegó el día deseado: la inauguración oficial del tramo Madrid-El Escorial. “El Museo Universal”, en su sección “Revista de la Semana”, número 33 de fecha 18 de agosto de 1861 y firmada por Nemesio Fernández Cuesta, refería: “Al fin se abrió al público el camino de hierro de Madrid a El Escorial. Primero se bendijeron las locomotoras en la estación central con asistencia de muchos convidados, entre ellos periodistas y autoridades (…) y después el día 10, día de San Lorenzo, es decir, de aquel santo que fue tostado en las parrillas, se hizo con buen éxito la primera espedición. Desde entonces los trenes van y vienen diariamente sin que hasta ahora, gracias á Dios, haya habido nada que lamentar en materia de choques, descarrilamientos, roturas e lo al de esta guisa que suele acontecer en nuestros ferro‑carriles y en los agenos” (imagen adjunta. Bendición de la estación del Norte publicada en dicho semanario).
Sin embargo, “La Gaceta de los Caminos de Hierro” de fecha 11 del mismo mes, relataba: “El jueves (día 8) a las seis y media bendijo el Emmo. señor cardenal arzobispo de Toledo en la estación de la montaña del Príncipe Pío, las máquinas locomotoras destinadas al servicio de la sección del ferrocarril de esta corte al Escorial. Al acto asistieron, a más del Consejo de administración de la Compañía de los caminos de hierro del Norte de España. Las autoridades superiores de esta provincia, y un gran número de personas distinguidas que habían recibido invitaciones especiales. El servicio de este ferro-carril en su primera sección desde esta corte al Escorial ha quedado abierto al público desde el viernes (día 9) ultimo”.
También el diario “La Correspondencia de España”, en la edición del día 10 de agosto, publicaba la misma noticia. En la edición de la noche del mismo periódico del día siguiente, se publicaron los horarios de las salidas, llegadas, y kilómetros entre las estaciones intermedias del itinerario, que ya eran Pozuelo, Las Rozas, Las Matas, Torrelodones y Villalba. Había tres trenes desde Madrid, con salida a las 6 horas, 12 y 20,30, y el regreso a las 15,35 horas, 17,00 y 17,55. La cabecera de dicho anuncio publicaba “Caminos de Hierro del Norte / Servicio de Madrid al Escorial / Servicio desde el día 9 de agosto de 1861”. La duración del viaje oscilaba entre 2 horas y 5 minutos hasta 2 horas y 25 minutos, dependiendo del tiempo de parada empleado en cada estación.
A partir de entonces, el tren supuso una opción importante en relación con el resto de medios de transporte. De las diversas crónicas de la época, entresacamos “Viaje en España” de G. Doré y J.C. Davillier en la que al año siguiente de su instauración relataban: “En efecto, sólo hay ocho leguas entre la capital y el Real Monasterio. Sin embargo, antes del ferrocarril era un viaje pesado y largo. Más de una vez lo hemos hecho en diligencia o en esas antiguas carrozas de tablas amarillas adornadas con pinturas fantásticas y con un tiro de cuatro mulas empenechadas, vehículos de los que ya no se ven hoy, ni siquiera en España. Hace algunos años no llevaba menos de ocho o diez horas recorrer ese camino, que rara vez se hacía sin maldecir a los numerosos vaivenes y al asfixiante polvo. Recordamos haber leído en alguna parte que antiguamente, cuando los reyes de España iban a El Escorial, se tenía la precaución de regar el camino, operación sin duda muy útil e ingeniosa…”.
En un principio las cifras de viajeros no alcanzaron las previsiones, aunque en 1870, y según boletín, alcanzaron la cantidad de 72.644 desde Madrid, de los cuales 29.996 tuvieron como destino final El Escorial (Caminos de Hierro del Norte de España. Datos estadísticos. E. Dubois).
José Comas Galibern en su “Guía del viajero en España”, editada en Barcelona en 1881, señalaba: “Para ir a este Real Sitio que consta de 732 habitantes, es indispensable coger el ferro-carril del Norte y salvar los 51 kilómetros que le separan de la capital de España, cuyo trayecto se recorre en menos de dos horas”. En el mismo párrafo y que reseño por su vulgaridad, comentaba que si no fuera “por su célebre monasterio … la población del Escorial (referido a San Lorenzo) permanecería eclipsada en las oscuridades del olvido”.
Para completar el servicio que ofrecía la empresa del ferrocarril, y ya que la estación quedaba a una distancia importante del Monasterio con más de 100 metros de desnivel, fue establecido un servicio de ómnibus tirado por mulas. La misma guía indicaba “Omnibus desde la estación á 2 reales por asiento. Hay un servicio diario y especial, establecido por la compañía del ferrocarril del Norte, que lleva a este Real sitio a precios reducidos, gozando del mismo beneficio a la vuelta” (imagen adjunta de un ómnibus de la época. ©internet, propiedad de la empresa “Grandes Hoteles Patron”, que lo refleja fielmente).
Hay muchos testimonios de viajeros de aquel siglo que dejaron sus impresiones: “Cuando llegué a la estación de El Escorial, caía una lluvia finísima y fría, que me calaba hasta los huesos. De la estación al pueblo hay como una media milla de subida: tomé asiento en un omnibús y a los pocos momentos me dejó en una calle solitaria, limitada a la izquierda por el monasterio … “(Amicis, E. “España”, 1872). Otro viajero relataba: “Unos minutos antes de las ocho llegamos a la estación de El Escorial, donde un ómnibus estaba esperándonos para conducirnos al pequeño pueblo y a la Fonda Miranda, donde encontramos un buen lugar de descanso para ese día”.
Ya en el siglo XX, la empresa “La Estellesa”, con fecha 19 de marzo de 1932, inició un servicio de autobuses que comunicaba la estación del ferrocarril con la población de San Lorenzo y viceversa (aún existen los garajes que usó la empresa y el rotulo de cerámica que lo identifica en la calle Pérez Galdós). Paralelamente la empresa “Continental” prestó el mismo servicio, y el 15 de julio de 1932, fue inaugurada una nueva línea de autobuses, de todos conocida, que prestaba el mismo servicio: Autobuses Herranz.
Finalmente, tras 83 años de actividad con máquinas de vapor, la línea ferroviaria fue electrificada en 1944. Actualmente, y por las obras realizadas hace pocos años, la estación ha sido modernizada adaptándose a las necesidades presentes, aunque se sigue manteniendo el edificio, ya sin operatividad, donde antaño se servían los billetes, la consigna de mercancías, la correspondiente sala de espera, y el despacho del Jefe de Estación, así como aún la original torre de control para cambio de agujas. Más recientemente la creación del denominado “Tren de Felipe II” para disfrute de viajeros de la línea que hemos tratado, y que tiene su origen en la misma estación que la vio nacer. No podemos despedirnos sin mencionar el servicio que esta línea ferroviaria prestó a la infraestructura de “La Azucarera Refinadora” en 1867 y posteriormente a la “Fábrica de Chocolates Matías López” en 1874.




