El Cine Variedades

José Ruiz Guirado.- CUALQUIER día, a cualquier hora, de cualquier mes, nos asaltan, sin venir a cuento, los recuerdos. Estos serían un jueves, salvo los festivos, el día que en el Cine Variedades proyectaba sesión doble. Los tiempos eran otros. Había para lo elemental, porque a la sazón, en las familias, la norma venía a ser numerosas; seis hijos, incluso más.
Pedirle a la madre, que era quien administraba la economía familiar, para ir al cine el jueves, sería conocer la respuesta de antemano. Para conseguir el fin, que era asistir al cine, habría varias opciones: bajar al Zaburdón, donde conseguir algunos trastos para venderle al chatarrero; vender algunos ejemplares del Semanario Escurialense, o hacer algunos recados (llevar alguna barra de hielo el hombro, protegido por un saco, a algún bar o a alguna pescadería. U, otros, que pertenecían a la picaresca española).
No hay que decir que el dinero llegaba para sacar una entrada para el gallinero, donde se estaba al libre albedrío. Nos tienen que perdonar los acomodadores, a quienes maltrataríamos con nuestra indolencia. Y si hay alguien a quien es obligatorio recordar con cariño, sería a Paquita, la taquillera, que siempre encontraba un hueco, aunque no lo hubiera. Sé que su vida no fuera fácil, viuda de un coronel del ejército muerto en Cuba, desde muy joven. Se casó de segundas nupcias. Siempre, te atendía con dulzor.
Vendría a ser la demanda de ocio de la creciente y seleccionada colonia veraniega la causa de la construcción del Cine Variedades, convirtiéndose el emblemático edificio (a medio camino entre el clasicismo y el modernismo) en la vanguardia de arquitectura cinematográfica de la provincia madrileña. La inicial ubicación (21 marzo, 1920), cuya fachada principal daría a la calle de Floridablanca, en los terrenos del Real Patrimonio Nacional, antaño Caballerizas Reales y Regalada, posteriormente jardín de la Escuela de Montes. Después, ya sabemos dónde se ubicaría: en lo alto de la calle de las Pozas, esquina con Calvario, y junto a una de las calles –La Flor- más emblemáticas para los pintores que ha dado esta villa, en la que el Variedades ha de salvar las distintas cotas para su asentamiento.
El Cine Variedades, fue lugar vinculado a las actividades del Escorial de Arriba en las distintas fiestas y celebraciones allí acaecidas. El primero de mayo de 1972, D. Valentín Fernández Gamazo, propietario del edificio, lo traspasaría a D. Mariano Cuesta de Castro. La crisis que obliga a los cierres de los cinematógrafos, no fue ajeno al Variedades. Sé que se han dado pasos para su recuperación. Esto ya nos lo tendrán que contar los nuevos cronistas sanlorentinos. Nosotros, en nuestros lejanos recuerdos, hemos intentado traer a la memoria, uno de los edificios para el ocio, que sin duda han constituido un referente cultural y arquitectónico, para la sociedad de San Lorenzo del Escorial. l




