Dos presidentes de María Cristina y una defensa de la universidad privada (del autor)

José Antonio Perea Unceta.- Entre los antiguos alumnos del RCU María Cristina hay dos Presidentes del Gobierno de España: Manuel Azaña Díaz-Gallo (Izquierda Republicana, 1931-1933 y 1936) y Pedro Sánchez Pérez-Castejón (PSOE, desde 2018); el primero fue además Jefe del Estado (entre 1936 y 1939). Aunque siempre ha sido un centro privado religioso, entre 1892 y 1897 -cuando estudió Azaña- estaba adscrito a la Universidad de Zaragoza y en la etapa del segundo -entre 1990 y 1995- era centro adscrito a la Universidad Complutense (ahora lo es a la Universidad CEU San Pablo, desde 2024). El primero estudió Derecho y el segundo Ciencias Económicas y Empresariales.
En lo político, simplificando mucho, los dos lideraron gobiernos de izquierdas, apoyados más o menos en los partidos independentistas de determinadas regiones del país, y puede decirse que pretendieron reformar ampliamente la sociedad y el sistema político, cada uno en su etapa histórica propia: el primer tercio de la Segunda República y el último, ya en la guerra civil, y la tercera etapa de gobiernos socialistas después de tres alternas de gobiernos de centro derecha, respectivamente.
Pueden señalarse, en lo personal, otras similitudes y también diferencias, obviamente. Diferencias como que Azaña se doctoró en la Universidad Central y Sánchez en la Camilo José Cela; similitudes como que aquél obtuvo una beca posteriormente para estudiar en la Universidad de París y que éste realizó un máster primero en la Universidad Libre de Bruselas y después otros estudios de posgrado en el IESE de la Universidad de Navarra. Pero queremos destacar que ambos son políticos de izquierdas formados en universidades privadas, incluso más Sánchez, pues también lo fue en sus posgrados.
Por ello queremos refutar esas proclamas difundidas en los últimos días de que la generalidad de las universidades privadas son ‘chiringuitos’ de ínfima calidad donde se compran los títulos. María Cristina es un claro ejemplo de que sus estudiantes pueden llegar a las más altas magistraturas del Estado, ganar escaños en los parlamentos y puestos en las instancias judiciales, acaparar premios nacionales en las más diversas disciplinas, llenar teatros y librerías, ocupar asientos en las reales academias, parrillas en los informativos televisivos y columnas en los periódicos nacionales, consejos de administración de las empresas, prestigiosos despachos profesionales e innumerables lugares de reconocido prestigio social y profesional, como relatamos asiduamente en esta crónica bimensual.
Ofende que quienes se han beneficiado de la formación en estos centros privados renieguen de la opción elegida y sufragada por sus padres, atacando su probidad, calidad e idoneidad. Estamos -con estos dos Presidentes del Gobierno- ante dos ejemplos, entre muchos, de que la universidad privada no enseña lo que pensar, sino a pensar, no impone lo que creer sino a creer en unos valores y principios, que en el caso de San Agustín se basan prioritariamente en la defensa de la verdad y en la libertad de arbitrio, y que son abrazados o no por sus estudiantes. Así, Manuel Azaña renegó de su educación agustiniana en su obra El jardín de los frailes (1927), pero sobre todo en su actividad política, pues suyo fue el empeño de prohibir la enseñanza religiosa en el artículo 26 de la Constitución de 1931, que contradice palmariamente “el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión” de su artículo 27. Bajo su presidencia se expulsó a los jesuitas, se quemaron iglesias y conventos, se profanaron cementerios, iniciándose una etapa de terror contra los católicos que -como han señalado numerosos historiadores- está en el origen de la contienda civil iniciada en octubre de 1934 y retomada en los meses previos a la sublevación militar de julio de 1936 con nuevos atentados contra los bienes y las vidas.
Cualesquiera que sean las razones del ataque perpetrado ahora a la enseñanza privada, puede desmentirse que sean la falta de calidad y la compraventa de títulos, pues comprometería gravemente la solvencia profesional de tan dignos Jefes de Gobierno formados en María Cristina; y también que lo sea un posible adoctrinamiento, pues en el centro gemelo situado al otro lado de La Lonja han estudiado en las últimas décadas diputados ‘populares’ como José Antonio Segurado, Jesús Mancha o Jesús Postigo, andalucistas como Miguel Ángel Arredonda y socialistas como Carlos Sanjuán o Ángel Luis Sánchez Bolaños.
Lo que requiere el estado actual de la enseñanza universitaria en España es, en nuestra opinión, un incremento de los medios económicos de los centros públicos, su adecuación al mercado laboral y profesional y a las necesidades sociales, y una gobernanza despolitizada, entre otras cuestiones, y desde luego un respeto a la libre elección de la enseñanza privada y a su ejercicio.




