De compras con una “perra gorda”

Equivalente a la mil ciento sesenta y seis parte de un euro o a 0,00060024 céntimos de la actual moneda
J. C. Sainz de los Terreros ().- El relato de hoy del duendecillo del Monasterio, como siempre sacado de su baúl mágico, está dedicado a aquella “perra gorda”, esa moneda de aluminio de diez céntimos de peseta de valor, de apenas dos gramos de peso, que hasta los años sesenta y setenta del pasado siglo circulaba, especialmente, en las manos de los niñas y niños gurriatos, y que les daba “gran juego económico”. Muchos lo recordarán y hasta es posible que todavía guarden alguna de ellas. Bolilla me dice que tiene una. ¿Qué no tendrá el duendecillo en su baúl mágico?
Ha sido una de las monedas más utilizada por los españoles durante más de cien años.
Para poder disfrutar de una moneda más valiosa, como una peseta, se tenía que dar algún motivo especial, como un santo, cumpleaños, las fiestas de San Lorenzo… Y poder disfrutar de un duro -cinco pesetas juntas-, era harto difícil, salvo la “donación” especial de un abuelo o de un tío, por considerarte su sobrino preferido.
¿Perra gorda? Allá por 1870, “nació” esta moneda de cobre, décima parte de una peseta, junto a su hermana “perra chica”, un poco más pequeña de tamaño y la mitad de valor. Acuñada en Barcelona, en su reverso figuraba un extraño león, que cuando se rayaba o desgastaba con el uso, el león se confundía con un perro, lo que dio lugar a que popularmente las bautizaran como la ”perra gorda y chica”.
Durante el reinado de Alfonso XIII, fueron nuevamente acuñadas estas dos monedas, esta vez con el retrato del Monarca siendo bebé, sin que cambiara la denominación popular anterior, cosa que se mantuvo también en las acuñadas después de la triste guerra civil, con un jinete en el anverso y el escudo de España en el reverso, que son las últimas que circularon durante bastantes años.
Con aquellas perras gordas entre las manos, los niños gurriatos se encaminaban hacia aquellos pequeños “colmaos”, llenos de mercancía infantil: los quioscos de ”La Goya”, de “Juanito el cojo”, de “Pepe”, de “Doña Andrea”, del Señor Lucas”, de “La Barquillera”, el de la carretera de Guadarrama, frente al restaurante Zacarías…
Allí empezaba la elección de los productos “de primera necesidad” para ellos: pipas variadas, palulú y regaliz, pastillas de leche de burra y chicles Bazoka “siempre en la boca”, caramelos “sacis”, biberones con anises, cigarros y paraguas de chocolate, canicas, soldaditos de plástico, cromos, recortables de muñecas…
Cambiaban cuentos y tebeos ya leídos y se “armaban” de pirotecnia, con petardos, tiras de fósforos, con bombetas o cebolletas, aquellas pequeñas bolas de papel de seda blanco rellenas de pólvora y cal, que al lanzarlas contra el suelo, explotaban con gran ruido.
La “perra gorda” daba bastante juego, teniendo en cuenta que un caramelo ”saci” costaba un céntimo.
Y en la churrería de “Somolinos” hacían cola para, entre varios, conseguir ”diez de cachos”. Pagando los diez céntimos de la “perra gorda”, lograban un gran surtido de trozos de churros rotos y alguno completo del día anterior. El que los consiguiera en solitario era un potentado. Aquellos “cachos” eran un gran tesoro gastronómico para ellos.
Actualmente también tenemos una moneda de diez céntimos, equivalente a más de dieciséis de las antiguas pesetas, que no da “pa ná”. Ni para los “cachos” de la churrería.
Pero hoy ya no existen aquellos pequeños comercios, llenos de una atractiva mercancía infantil, donde las niñas y niños gurriatos, hacían magníficas transacciones económicas, y los regentes de los quioscos hacían buena la frase, en plural, de “para ellos la perra gorda”.
Pero se mantienen expresiones populares referidas a ella: ”Estar sin una gorda”, “El que calla otorga, o no tiene una gorda”, ”Eso no vale ni una perra gorda”.
Hoy da a tus hijos o nietos diez céntimos de euro, y verás lo que te dicen. Y con un euro -más de ciento sesenta y seis de las antiguas pesetas-, no se consigue el rendimiento económico que lograban los niños gurriatos con aquella “perra gorda” -diez céntimos de peseta-, y se lo pasaban ”chanchi piruli”.
Y es que ”cualquier tiempo pasado fue… anterior”.




