Cine, cine, cine, algo de cine, por favor

Javier Santamarta del Pozo.- Me gusta el cine. ¡Y a quién no! Soy de los que le gusta pero mucho. Todo. Me gusta incluso llegar «al No-Do», y tragarme todos los anuncios y tráileres, y soy de los que se queda hasta el final para saber de alguna de las piezas de la banda sonora, o en qué ciudades, países o lugares curiosos se había rodado. Fui de la época en que crecimos con programas dobles, butacas de club (que era más barato), y en los veraneos sillas de tijera de madera con pipas y bocata chorizo, desenvueltos en el intermedio. De los que tuvo su época cultureta yendo a los llamados de Arte y Ensayo, con las pelis en su versión original y subtítulos, donde siempre quedabas fenomenal ante tu compi de Facul para impresionarla (¡menudas checoslovacadas que me he tragado en la fila de los mancos!). Disfruto de una buena videoteca, tuve carné del Blockbuster y, cuando llegué a San Lorenzo, todas las semanas me pasaba por el videoclub del final de Floridablanca, donde Pablo, llevándome, además, la cena y las chuches para el pase en mi dividí.
Porque ni en el Real Sitio ni en la Leal Villa había cine.
No daba crédito. Sé que era algo cada vez más normal, y hasta en franca decadencia en las ciudades, quedándose tan solo para megacentros comerciales clónicos que proliferan en zonas de polígonos. Y hasta allí que tuve que ir… ¡cuando me hice con un coche! Que, viniendo yo de la calle Mayor de la Villa y Corte, no contaba (¡ni ganas!)
con vehículo propio. Con lo que, o Casa de Cultura como opción pelín cutre (el Consistorio me perdonará), o vídeo casero. Hasta que me enteré de que hubo una cosa llamada el Variedades. Edificio que me enamoró desde el primer vistazo y, sabiendo lo que era, ya para qué más. Pero estaba ruinoso. Con planes de futuro, pero variables. Hasta que lo compró el concejo sanlorentino. ¿Para qué? Creo que para hacer un espacio polivalente cultural de lo más. Error. Me perdonarán, pero error. Para aspectos de tipo cultural creo que el municipio cuenta con espacios de todo tipo, algunos realmente a la vista y en espera de algún acuerdo.
Pues teniendo un teatro coliseo fantástico… solamente para fin de semana. Un auditorio de música con dos salas, siendo «la pequeña» un lugar a reivindicar, pero que claramente está infrautilizado. Por no hablar del Paraninfo del Alfonso XII que, al menos una vez al año, el último finde de septiembre, se abarrota de foráneos para las Jornadas de la Leyenda Negra. Y las Casas de
Oficios, claro. Van de suyo. Entonces, ¿de verdad que necesitamos más espacios culturales? Mejor cultura que el cine, tanto de reestreno (clásicos de siempre u ochenteros) como de novísimos estrenos, creo que no hay. Y convertirse en un espacio de encuentro para jóvenes y familias. ¿Qué mejor? Yo quiero cine. Algo de cine, por favor.




