Casi me olvidaba… y son casi treinta años

Carmen Villanueva Cueva.- Después de mi artículo sobre la Botica y las investigaciones de la Alquimia en el Monasterio de hace siglos, me vino a la mente que en este mes dedicara mi sencilla aportación a una cuestión que me afecta a mí y que voy llevando a cabo, desde hace casi treinta años junto a un grupo de personas que nos reunimos semanalmente.
Casi me había olvidado de este tema. ¿Podrá interesar? Yo creo que tiene algo de interés, y no deja de ser algo ignorado. Me surgió de repente para comentarlo en este nuestro periódico. Me dije: ¿servirá para nuestros fines lo que voy a narrar? Pues aunque no es un secreto es una actividad que llevamos ejerciendo unas cuantas personas. Por eso, me decido a indicar brevemente lo que en ese amplio plazo de tiempo he realizado, siempre con un grupo de amigos, y con profundo beneficio para todos. Voy, pues, a tratar de revelar y exponer este nuevo aspecto que se ha desarrollado –y sigue desarrollándose- en el Monasterio. Son reuniones que tenemos todos los miércoles “lectivos”. Así empezamos –repito- hace unos treinta años. Nos reunimos con la intención de aumentar nuestros conocimientos acerca de doctrinas religiosas, especialmente sobre escritos de San Agustín. Éramos alrededor de 17 personas a quienes nos acompañaba en ese caminar un agustino. A tenor de este planteamiento, conseguimos leer y comentar las obras de san Agustín que escribió en una finca de Casiciaco, lugar cercano a Milán donde residía con su hijo Adeodato, con Alipio, su mejor amigo y con Evodio, también amigo cordial, y unos dos o tres discípulos. Estuvo presente también su madre, santa Mónica. La intención de san Agustín al residir en esta finca, fue, al mismo tiempo de renunciar a su docencia de Retórica y Filosofía, prepararse al bautismo que recibió posteriormente de manos del obispo de Milán, San Ambrosio, y con él, su hijo y –más tarde- san Alipio. Nuestro grupo, con el título de Fraternidad San Alipio –y es notable señalar que el actual Papa, siendo General de la Orden, nos concedió la personalidad jurídica necesaria con un documento que conservamos con sumo agradecimiento. En nuestra primera andadura, como primera etapa, leímos y comentamos Las Confesiones, editando una breve guía para facilitar su lectura. Después leímos, comentamos y publicamos en la revista LEA (para centros agustinianos, colegios y comunidades) Soliloquiios, Contra Académicos, El libre albedrio, Sobre la cuantidad de alma, La naturaleza del Bien, y Del Maestro, bello este 6comentarios al Evangelio de san Juan, Sobre la Música, y un voluminoso e importante libro como es La Ciudad de Dios, que alguien importante entre los agustinos, dudó que pudiéramos haber leído…pero ahí están los resúmenes que publicamos en la misma revista LEA. Actualmente estamos leyendo un libro sobre Cristo que escribió el Papa Benedicto XVI.
Ser Fraternidad agustiniana seglar, adscrita al Monasterio, significa que se pertenece a la Orden Agustiniana, no como “religiosos”, sino como bautizados que queremos seguir a Cristo en la Iglesia, ayudados por la Orden.
Hemos de agradecer la presencia de agustinos que nos han dirigido y animado en nuestro continuo crecimiento en la “Belleza siempre antigua y siempre nueva”. Es, por tanto, justicia que agradezcamos públicamente por esa su labor a los P. Antonio Iturbe, P. Modesto García, P. Isidro de la Viuda, y el P. Javier Carreras.
En estos treinta años ha sucedido la inevitable presencia del “traslado definito” de varios miembros hacia el Eterno BIEN, pero que sabemos que están con nosotros, todos unidos hacia una misma META DE PAZ Y AMOR… Y olvidaba decir: somos un grupo abierto.




