Carlos III, el Rey cazador de lobos

MARTA MARTÍN WORM.- Es conocido el origen de los Reales Sitios como Cazaderos Reales. Aquí en El Escorial, el rey Carlos III, fundador del sitio, venía a cazar durante las Jornadas otoñales, y lo que cazaba principalmente eran… lobos.
De hecho era un adicto a la caza, salía a cazar a diario, indiferente al clima que hiciese, como remedio a la neurastenia y olvido de problemas. También es cierto que los reyes practicaban la caza como un ejercicio más del “Arte de la Guerra”, es decir practicaban la guerra a través de la caza mediante el tiro, la puntería, diversas habilidades, ejercicio físico, etc.
El rey cazador por antonomasia, Carlos III, recorría aproximadamente seis leguas (más de treinta y tres kilómetros) antes de iniciar la caza, solía llevar seis carruajes, uno de ellos para meter las presas y los otros para llevar medicinas, armas, municiones, ropa seca, etc.
Cada carro era tirado por seis mulas que se iban renovando a lo largo del camino, necesitando unas doscientas mulas diariamente, y viajaban a una velocidad media de diecinueve kilómetros a la hora, lo que causaba que los hombres y mulas sufrieran frecuentes accidentes.
El rey tenía la idea de librar a la zona de lobos, y llevaba la cuenta exacta de los que cazaba; en 1786 llevaba cazados… ¡818 ejemplares!
Las cacerías reales se organizaban cuatro veces al año, en las que unos doscientos hombres empleados o monteros, batían el terreno y conducían a las presas hacia un lugar determinado donde los reales cazadores esperaban hasta que los animales asustados y en manada pasaban delante de ellos.
Acompañaban al rey habitualmente el príncipe de Asturias, el capitán de la guardia, el caballerizo mayor, su ayuda de cámara, su médico y su cirujano. Los criados cargaban las armas y se las pasaban en cuanto acababan de disparar. Cuando el fuego acababa, las carrozas avanzaban en el bosque y los invitados se apeaban para observar las presas que se extendían en hileras.
Por la noche las piezas se exponían en la sala donde cenaba el rey y acudían los embajadores para presentar sus felicitaciones.
De esta actividad tan importante para el Real Sitio, se encuentran en Cocheras diferentes objetos. Desde su principal protagonista, el rey Carlos III presente a través de su escultura en bronce a tamaño real como cazador realizada por Sebastián Solar en el patio y otra a menor escala en el interior de la Colección, pasando por dos carros para esta actividad cinegética, uno para trasladar a los cazadores que disparaban subidos en él y otro para transportar las piezas de la caza, y grabados de escenas de caza. También se muestran variados y curiosos artilugios como escopetas, reclamos y trompas de caza, recargadores de cartuchos, lámparas de aceite, polvoreras y accesorios para avancarga, cuchillos de despiece, cepos, braseros de pie y de mano tipo maletín, avío de capellán in itinere, carlancas o carrancas (collares de pinchos para que los mastines no fueran atacados por los lobos)…
Otra vez los lobos…
Eugene O’Neill, dramaturgo estadounidense y premio nobel dijo “No hay presente ni futuro, sólo el pasado que sucede una y otra vez, ahora”.
…Pues al hilo de esta reflexión tan al caso, damos un salto del pasado al presente, y nos encontramos con la noticia publicada el 27 de enero pasado en diferentes medios de comunicación (El Mundo, El Español, El Debate, Telecinco, Aquí en la Sierra) que parece sacada de un noticiario del siglo XVIII.
Nos enteramos de que el lobo ha vuelto a El Escorial, pues ha atacado en la finca El Campillo y matado a once corderos, cuatro ovejas y cuatro sementales en cinco ataques consecutivos.
Confirmo la noticia con un ganadero de la localidad y me hace saber que es frecuente ver a estos cánidos en la zona, que él se los ha encontrado ya en varias ocasiones, y que el ganado, aun en los casos en que no es atacado, nota su presencia y padece sus negativas consecuencias sufriendo pérdida de fertilidad, disminución de la producción láctea, merma de mansedumbre, cambio en su carácter, problemas en su manejo, etc.
Me dice que los ganaderos no están en contra del lobo, es una buena noticia que esta especie goce de tan buena salud, pero se necesita una buena gestión por las diferentes administraciones para que sus ganados estén protegidos.
Y volviendo a la historia, que es lo nuestro… ahora que ya no está el rey Carlos III para dar caza a los lobos, y proteger los rebaños de sus súbditos ganaderos con su paternalismo de rey ilustrado, si se quiere que en esta comarca exista no sólo la actividad turística y de ocio, sino que se mantenga y subsista la actividad ganadera, ya presente en la zona mucho antes que la creación del Sitio, habrá de encontrarse una solución para que puedan coexistir ambas actividades y con ello la diversificación de usos y economías tan necesaria en la zona.
No vaya a ser que aparezca el espíritu de Carlos III…




