Aventura anual a la Virgen del Cubillo

A.M.R..- Una vez más, nos hemos juntado para nuestra gran aventura anual a la Virgen del Cubillo.
Esta ruta tiene su origen en el gremio hostelero entre los años 60’ y 70’, -generalmente camareros-, que después de una jornada dura, por si fuera poco, se iban desde San Lorenzo de El Escorial caminando, atravesando toda la serranía hasta Peguerinos y llanuras castellanas hasta la ermita de la Virgen del Cubillo, en Aldeavieja (Ávila)-, con un par…
Este año, estábamos apuntados un número récord en los muchos años que llevamos haciendo esta caminata que, diría, cuento menos es de valientes, teniendo en cuenta la diversidad de personas que con tanto entusiasmo y devoción se aventuran a hacerla. Aunque, al final, por motivos diversos, se dieron de baja algunos y el número se quedó en la veintena.
Si bien, quizás ha sido la más numerosa, pese a los casi 40 kilómetros que se tienen que recorrer.
Como mencionando anteriormente, debido a la pluralidad de los asistentes, personas con cierta edad, surgen imprevistos que, afortunadamente, se resuelven. Entre otras cosas, por el buen comportamiento y organización de todos.
Salimos en torno a las 3:00 de la madrugada. La primera hora es la subida Abantos, que coges en frío y se hace dura. En este ascenso, una de las compañeras tuvo una bajada de azúcar, lo que se conoce vulgarmente como “pájara”. Afortunadamente, uno de los más veteranos se queda al final del grupo, por si alguno tiene algún problema, poderle ayudar. Además, llevamos un coche de apoyo para cualquier posible percance, como en este caso, resolviéndose el problema sin mayores consecuencias que un ligero retraso en las previsiones. La buena noticia es que esta persona se volvió a incorporar llegando a la meta como una campeona.
No importa el tiempo, sino el camino
Lo de menos en este grupo es lo que se pueda tardar; no se viene a competir. La prioridad es disfrutar del ambiente, la naturaleza, la amistad, del café con rosquillas, del almuerzo con bocatas de tortilla y filete empanado con buen vino, botellines y fruta.
Ya en la ermita, después de 10 horas del paseíto, con sus respectivas paradas para fotos y chascarrillos, nos tomamos otro refrigerio que nos prepara la santera con sus respectivos botellines, hacemos la foto de grupo de rigor en el altar de este precioso templo y regresamos en autobús al punto de salida.
Comemos opíparamente en el restaurante de costumbre -El Horizontal- donde se comentan las anécdotas de la jornada. Después unos toman copas, otros juegan al mus… En fin, que parece, como si el estar tantas horas sin dormir y de excursión por estos parajes tan espectaculares, no nos afecte el haber hecho un “Cubillo” más, que recordaremos siempre, y continuemos tan pletóricos como a la salida.
Demos las gracias a nuestra Virgen del Cubillo, que alguna intervención divina habrá tenido para hacernos tan felices una vez más.
¡Viva la Virgen del Cubillo! l




