Arboreto Luis Ceballos, un destino para estudiantes

Sofía, Ana y Dani.- El Arboreto Luis Ceballos, esta joya escondida en el monte Abantos, presenta una belleza paisajística y forestal única. Nosotras, Sofía, Ana y Dani, hemos tenido la fortuna de realizar este año nuestras prácticas formativas en este impresionante paraje. Sofía, mediante el Certificado de Profesionalidad en Interpretación y Educación Ambiental; Ana y Dani, por medio del Grado Superior en Educación y Control Ambiental.
Fueron distintas las razones que guiaron nuestro camino académico hasta este lugar. Sofía sentía un amor profundo por los bosques, admiraba la belleza de los pinos resineros y quería aprenderlo todo sobre botánica. Ana, cautivada por la naturaleza y todas las maravillas que ofrece, quería transmitir ese entusiasmo a los demás. Y Dani, montañero desde la cuna, descubrió en el Arboreto un entorno cautivador y lleno de oportunidades.
Recordamos con nostalgia la senda por el Embalse del Tobar, donde por primera vez salimos de nuestra zona de confort, poniendo en práctica nuestros conocimientos y ganando confianza en nosotras mismas como educadoras ambientales. Allí contamos la historia de la Cruz de Rubens y los usos de los pozos de nieve de la zona. También hablamos de la ecología del lugar, sus pinos y juncos, y los efectos perjudiciales que estructuras antrópicas como los tendidos eléctricos generan en su fauna. Posteriormente, tuvimos muchas otras oportunidades para ejercitarnos en nuestras habilidades como profesionales de la Educación Ambiental. En este camino no estuvimos solas, el equipo del Arboreto nos guio con su ejemplo, nos facilitó materiales y nos ayudó en la preparación y desarrollo de otras sendas y talleres: pudimos preparar paradas interpretativas según nuestros intereses personales; aprendimos de Mario el Apicultor y Carlos el herpetólogo; promocionamos los ODS en la Feria de Sta. María de la Alameda, apoyando la ganadería extensiva frente a la intensiva; amenizamos las mañanas de personas mayores en residencias y centros de día, tocando la tierra, oliendo las plantas y dando vida a romeros, caléndulas y tagetes; acompañamos a niñas/os a observar pájaros y conocer sus nidos; a través de un juego de pistas, presentamos a los “gigantes” que habitan la Casita del Príncipe a clases de Infantil y, en el Arboreto, ayudamos a conseguir los ingredientes mágicos que el duende Cascabelín necesitaba para hacer un conjuro en su puchero y ¡salvar al mundo entero!
Sin embargo, no todo fue un camino de rosas. Desde el comienzo, nuestras expectativas diarias frecuentemente eran frustradas por diferentes inclemencias meteorológicas, que provocaron la caída de pinos, motivaron la cancelación de actividades y, finalmente, el cierre temporal del Arboreto. Vivíamos con incertidumbre diaria, comprobando constantemente el nivel de riesgo en la AEMET y adaptándonos, con el resto de arboreteras, a las circunstancias del momento para hacer de este museo vivo y sus actividades un lugar seguro para todas. Poco a poco vimos cómo tras la puerta cerrada se abría una ventana. La programación se trasladó fuera del centro y las sendas interpretativas colmaron la agenda los fines de semana. Participamos interpretando el entorno en sendas como los Molinos de Navalagamella, las Lagunas de Castrejón, la subida al Pico Abantos, la Chorrera del Hornillo, la Calzada Romana y Ermitaños o la Senda de los Pinsapos. En ellas, pudimos asumir un papel co-protagonista en el desarrollo de la actividad, además de aprender del increíble elenco de educadoras/es ambientales que forman parte del Arboreto.
Aún con las puertas cerradas, gozamos de este increíble museo vivo. Nos maravillamos con los brotes de los robles en primavera, las orquídeas silvestres, la floración del manzano y la fragancia del brezo blanco. Recorrimos innumerables veces sus caminos acompañadas del canto del cuco, del arrendajo y del croar de las ranas. Y en el rincón de las aromáticas contemplamos la increíble vista a las Machotas. Entre sus muros, aprendimos también a leer una estación meteorológica y participamos del transecto semanal de mariposas. Todas estas experiencias han hecho que nuestras prácticas hayan sido muy especiales.
Sofía: “Las prácticas me han aportado un mayor contacto con la fauna y flora de mi entorno, sin importar cuán grandes o diminutos eran estos seres (…) y me ha conectado más a la vida” . “Adaptar actividades y conocimientos a diferentes públicos, con técnicas de animación propias para cada etapa de la vida y las dosis necesarias de creatividad, humor y cientificidad, me parece todo un arte digno de admiración” .
Ana: “Los grandes profesionales que trabajan en él que nos han arropado y enseñado en todo momento, pudiendo ver sus diferentes visiones y maneras de divulgar” . “Han sido unos meses en los que realmente he sido feliz, fascinándome por todo lo que íbamos descubriendo y yendo con ganas a cada una de las actividades. Para mí, estar de prácticas en el Arboreto, solo puede definirse con una palabra: FANTASÍA”.
Dani: “Me siento agradecido, he podido aprender en un entorno donde el aprender va de la mano con la práctica, dándome libertad para explorar mi propio perfil de educador, escuchando mis ideas y respondiendo a mis preguntas. He experimentado la naturaleza de nuevo, cuando te das cuenta que escuchar a las y los educadores del Arboreto te abre una puerta de conocimientos que solo quiere agrandarse, creando una curiosidad en mí, que trabajaré toda mi vida, gracias por la curiosidad” .
Muchas gracias por acogernos y por darnos la oportunidad de disfrutar a vuestro lado. Os recordaremos siempre con mucho cariño… ¡y os visitaremos a menudo!




