APROXIMACIÓN AL DESARROLLO URBANO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL (III) En el siglo XVIII (II)

Luis Rodríguez-Avial Llardent.- Carlos III (1716-1788), comenzó su reinado en 1759 y llegó a ser conocido como el Mejor Alcalde de Madrid. Pero en este punto lo que nos interesa es su relación vital con San Lorenzo de El Escorial. Para ello volveremos a retomar el relato de Gabriel Sabau (Historia de San Lorenzo de El Escorial), que comienza por recordarnos que en su etapa anterior napolitana había sido un perfecto conocedor de El Escorial, donde transcurrió mucha parte de su niñez y de su adolescencia… y que un poco más adelante nos dice: no conviene perder nunca de vista, sino hacerlo resaltar, la especial predilección que siempre sintió Carlos III por El Escorial, porque una vez bien sabido lo que El Escorial era para él, se podrá explicar mucho mejor la posterior actuación revolucionaria que, para bien o para mal, había de desarrollar más adelante en este escenario, removiendo hasta los cimientos el orden institucional que le fijó su fundador Felipe II y que todos sus sucesores habían respetado escrupulosamente hasta entonces.
Fueron cambiando sus intenciones en todo lo referente al Monasterio del Escorial, probablemente bajo la influencia de sus mentores napolitanos, así como su espíritu enciclopedista, alimentado por una incesante correspondencia. Tampoco hay que olvidar que sus principales ministros estaban enfrentados con las distintas órdenes religiosas. Sabau nos ilustra al respecto: En estas condiciones es fácil pensar que cuando firmó (Carlos III) su Decreto de 18 de noviembre de 1768, por el que se creaban los Reales Sitios bajo su directa dependencia y la dirección de su Secretario de Estado, sintiera en lo más íntimo de su ser el no poder incluir en el nuevo concepto de “real sitio”, por él introducido, nada más y nada menos que su amado Escorial, puesto que faltaba en éste, para ello, el principal requisito: Que el terreno perteneciera al rey. Acabamos de toparnos con el enfrentamiento, dilatado en el tiempo, entre la Secretaría de Estado del Monarca (primero Grimaldi y luego Floridablanca) y los Jerónimos, durante el que los religiosos se iban sintiendo más y más acorralados y despojados sin defensa que les valiera, y el atropello del llamado “pleito de los apeos” (podríamos también llamarlo pleito de propiedades) les enseñó que lo mejor era callar para evitar mayores males y esperar mejores tiempos.
El “pleito de los apeos” afectaba a todo tipo de propiedades y así también a la construcción de casas en las inmediaciones del Monasterio. No podemos entrar de lleno en el examen pormenorizado de dicho pleito. Sí comentar, siguiendo a Sabau, que… como resultado de las prolongadas conversaciones entre el prior y el ministro, se llegó al acuerdo plasmado en la Real Cédula de 3 de mayo de 1767, que contenía el reglamento a aplicar en la construcción de esas casas en el sitio, el cual, además de las condiciones técnicas de los edificios, expresaba el procedimiento a seguir para la obtención del permiso oportuno y la obligación de que los dueños de tales casas pagasen al Monasterio un laudemio de un maravedí por vara cuadrada de terreno, en reconocimiento de su derecho de propiedad.
Sí es noticia, que no podemos ni debemos olvidar, el hecho que recoge Sabau de que, como consecuencia de lo anterior, el aparejador Juan Esteban, luego ascendido a la condición de arquitecto, recibió el encargo de esbozar un plan urbanístico para la nueva población, así como de su realización práctica; pero tanto en lo uno como en lo otro, posteriormente Juan de Villanueva le achacó importantes errores, ya incorregibles. Nos interesa señalar, en orden a nuestro propósito general, es que estos dos arquitectos tropezaron con dos limitaciones importantes, incluidas en el citado acuerdo de 3 de mayo: que el sitio no habría de crecer más de lo que había querido el propio Felipe II, y que en el trazado de las calles se respetarían las casas que ya tenía construidas la comunidad para viviendas de sus criados.
Tampoco han de olvidarse las actuaciones, anteriores incluso a las de Juan Esteban, del arquitecto francés Jaime Marquet venido a trabajar en España por iniciativa de Felipe V. A él se debieron las siguientes construcciones con un claro peso específico en el conjunto urbano de San lorenzo: el palacio de la Reina madre en Terreros (hoy desaparecido), la Casa de las Postas en la esquina formada por las calles del Rey y del Patriarca, y la joya (así la denomina Sabau) del Coliseo con su encanto de teatro de corte… en la calle de Floridablanca, más arriba que el cuartel de guardias… una deliciosa realidad, que por expreso deseo del Rey y para su comodidad, quedó unido a la Casa de Oficios de enfrente (la segunda) por un doble arco de piedra que permitía al monarca, en caso de mal tiempo, trasladarse desde su palacio hasta el coliseo a cubierto, utilizando combinadamente el paso subterráneo de La Lonja y los arcos de piedra que comunicaban entre sí las Casas de Oficios, todo lo cual hizo igualmente Carlos III, que para completar el servicio al Coliseo mandó hacer a su lado la Casa de los Cómicos y en la línea de Floridablanca la elegante Fonda y café de san Luis… que con el tiempo se convertirían en la Galería Martín y el Hotel Miranda-Suizo. De la misma época data un gran edificio de piedra construido por Juan de Villanueva, en la calle de san Antón frente a la plazuela de Las Ánimas, para el marqués de Campo Villar, en el que destaca un distinguido balcón, al que aquel debe el ser conocido popularmente por la Casa del Balcón de Piedra, ocupado desde hace años por el restaurante La Cueva. Todas estas actuaciones edificatorias a principios del tercio final del XVIII fueron ayudando a formar la personalidad urbana del San Lorenzo que hoy podemos disfrutar.
Finalmente, después de muchos años de discusiones y pleitos, la Sala de Justicia del Real Consejo Supremo, en agosto de 1768, dictaba su sentencia en el “litigio de los apeos”. Por ella, el terreno demarcado en el sitio de San Lorenzo para la construcción de casas no era ni del Monasterio ni de la Villa de El Escorial, sino de la Corona… el Rey finalmente quedaba como dueño y propietario de la tierra y ya nada se oponía para que se promulgara la declaración formal del Real Sitio de San Lorenzo, con todos los requisitos necesarios. Sin embargo, el destino (en palabras de Sabau) no quiso que fuese aquel monarca… quien hiciera esta elevación de la categoría de la localidad, puesto que la muerte le alcanzó el 14 de diciembre de 1788. Tuvo que ser su hijo y heredero, Carlos IV, quien pusiera fin al largo proceso desarrollado para la segregación de San Lorenzo del Escorial de su villa matriz.
De nuevo siguiendo a Sabau Bergamín, hay que hacerse eco de que a la segregación civil pronto iba a seguir la parroquial… y antes de comenzarse la construcción del Monasterio, El Escorial estaba incardinado dentro del arzobispado de Toledo, y su vieja iglesia de san Bernabé era una simple vicaría o ayuda de parroquia de la de Colmenar del Arroyo… Muy pronto el rey obtuvo del Papa bulas por las cuales las simples del Escorial, Peralejo y La Fresneda… quedaron erigidas en parroquias independientes, cuyos beneficios eclesiásticos fueron anejados al Monasterio… En la comunicación oficial al respecto se dice: Ha tenido su majestad por conveniente acordar por primer punto la separación de la parroquia de este Sitio de la Villa de El Escorial, asignando por límites a la primera toda la población del sitio. Existía ya en el extremo norte de la Segunda Casa de Oficios una pequeña iglesia, conocida entonces como capilla de Laborantes, que se convirtió en la primera Parroquia de San Lorenzo hasta la segunda mitad del siglo XX, en que se levantó la actual en la calle de Las Pozas, quedando aquella como Santuario de la Virgen de Gracia.
Ya en aquellos años se iba conociendo el protagonismo que el Monasterio y la estancia de la corte en el mismo iban teniendo en la vida, al menos, de los madrileños y desde luego de los escurialenses. El 5 de julio de 1783, fue un hito de la navegación aerostática, la primera elevación de un globo cautivo por sus propietarios, los hermanos Montgolfier. En España, nueve años después, como nos cuenta Sabau, el 14 de noviembre de 1792 el estamento militar de aquella época y en presencia del mismo rey elevó en La Lonja un globo similar. Las pruebas fueron un éxito convincente y de ello levantó acta el propio conde de Aranda, la cual se custodia en el museo del Ejército, como de todo ello da cuenta el general Gomá en su Historia de la Aviación Española.
Una vez creado el Real Sitio de San Lorenzo del Escorial, el 27 de marzo de 1789 Vicente Pedrosa Seijas, coronel de Caballería de los Reales Ejércitos, fue nombrado primer Gobernador, tal como nos informa Sabau Bergamín. El problema del alojamiento del Gobernador no resultó baladí… pues derivó en otro enfrentamiento frontal entre Pedrosa y Villanueva, que se iba a prolongar hasta que aquél murió… Otra preocupación del Gobernador fue la formación de la Ordenanza detallada para el gobierno del Real Sitio… así como la elaboración del primer empadronamiento en este; otorgar nombramiento a las numerosas calles que se iban abriendo, numerando mediante azulejos las manzanas y las casas (lo que, por cierto agravó sus relaciones con Villanueva)…; la cuestión del pan cocido que finalmente resolvió mediante el concierto de la provisión tanto del trigo como de la cebada con el Banco Nacional de San Carlos… para la construcción de un gran almacén en la llamada Casa de la Paja, a la entrada de la población, frente al Parador de Coches.
Aunque finalmente fue un gran fracaso económico, no debe dejar de mencionarse su iniciativa personal para la construcción de la primera plaza de toros que ha tenido el Real Sitio, en las afueras del pueblo hacia Guadarrama y construida en piedra.
Numerosos significativos edificios y diversos establecimientos se construyeron en esta época, (especialmente en el tercio final de este siglo XVIII) que fueron dando personalidad social a la ordenación urbanística del pueblo de San Lorenzo. El gobernador impuso medidas de empadronamiento a los dueños de mesones y posadas…Aparte del parador del real Sitio y del Mesón de la Ánimas, que eran los establecimientos regulares, la lista de los que existieron por entonces era: la posada de la Cruz de Malta; la de Fontana de Oro o de los Milaneses; la del Oso; la fonda de la calle de Alcalá; la de los Faetones; la de la Campana; la fonda del León de Oro; La posada de los Tres Leones; la del Castillo de Luna; la de las tres Coronas; la de Piamonte; la del Grifón de Oro; la del Caballo Blanco; la del Globo; la de los Capellanes; la de san Antonio; la de San Francisco de Paula; la de la Malagueña y la fonda de la Nueva España. He transcrito la lista que recoge Sabau en su libro, aunque la gran mayoría de estas fondas, por no decir todas, ya no existe, porque me consta que buena parte de estos nombres permanece en el imaginario colectivo, y yo mismo se los he oído mencionar a personas que hoy viven en el pueblo.
Considero de interés reproducir en este punto la lista de principales edificios construidos o proyectados dentro del siglo XVIII que Pedro Martín Gómez recoge El Escorial de los Borbones, por cuanto es una prueba tangible del crecimiento de la población, especialmente en calidad y personalidad de los edificios: La cuadrícula de la calles que limitan las manzanas cerradas del Real Sitio, no es perfectamente regular ni ortogonal, por la accidentada topografía del terreno que obliga a cambios de alineaciones, en beneficio de la comodidad, apareciendo entonces, necesariamente, plazas y escaleras:
Para el rey y su corte: hospital, Coliseo, tahona, casa de postas, cocheras, ballestería, perreras, Casa de Ministerios, casa de materiales, casa de superintendencia, etc.
Para la familia real: Casa de Infantes y Reina, casa de los Infantes D. Carlos Mª y D. Francisco de Paula, Casinos del Príncipe y del Infante D. Gabriel, casa de la Reina Madre.
Para usos militares: cuarteles de guardias españolas y valonas, cuartel de guardias de corps, cuartel de voluntarios, Caballerizas y Regalada, etc.
Para el común de vecinos: casa de mercaderes, casa de las tiendas, parador, mercado, plaza de toros.
Para el Convento Jerónimo de San Lorenzo: Casa de los Frailes, Casa de las Pizarras, ampliación de Compaña.
Para los nobles: Palacio del Patriarca de las Indias, Palacio de Godoy, Palacio del Cónsul de Francia, Palacios de Campo Villar, Medinaceli, Alba, Perales, etc.
Y una innumerable lista de casas construidas para los particulares y sus negocios y comercios.
Concluye Pedro Martín la descripción de esta época (el siglo XVIII), con la siguiente consideración: Con todo este conjunto de edificaciones, el Real Sitio apareció a la vista, una vez acabado, más con el aspecto de una ciudad medieval, con abad, cerca, catedral o monasterio y plaza mayor, que como una ciudad construida en el siglo de la ilustración, donde los edificios civiles predominaban sobre los religiosos, y donde la articulación de todo el conjunto urbano, se hacía por el eje del “gran paseo”. (Entiendo que se refiere a la calle de Floridablanca).




