Ana María Ruiz Zapata, cuando una hemiplejia no te impide seguir amando tu profesión

A.R.F.- Ana ha dedicado toda su vida a la enseñanza como profesora de instituto de Historia e Historia del Arte, hasta que un día, en su casa con su familia, le sobrevino un ictus. Recuerda vagamente que se encontraba con su sobrina cuando empezó a decir y hacer cosas raras, algo que podría ser perfectamente verosímil puesto que “siempre fui muy gansa”, pero la realidad era que no. Ni estaba gastando broma alguna ni siquiera era consciente de que estuviera haciendo ningún tipo de gesticulación.
De los siguientes momentos, le quedan dos recuerdos: alguien que le decía que había sufrido una hemiplejia lateral del lado izquierdo de su cuerpo, produciéndola un gran vuelco al corazón y, por otro lado, una enfermera que la decía señora de muchas gracias porque con lo suyo la mayoría se mueren. “Una de cal y otra de arena”, como ella reconoce, porque obviamente el no poder volver a ser independientes -una mujer, moderna, libre y viajada-, la dejó consternada; pero, por otro lado, la vida le estaba brindando una oportunidad.
Así que tomó la primera de las decisiones de su nueva vida como reclusa de la inmovilidad: trasladarse a vivir a una residencia para no suponer una carga a su familia y tener las atenciones necesarias que –reconoce– recibe con agradecimiento aunque en su fuero interno a veces reconoce regurjitarle de vez en cuanto el reproche de sentir toda su alma presa de una melancólica resignación.
A su nueva residencia, cercana a su hogar familiar, llegó poco antes de la pasada Navidad. Y en ese sentir nostálgico, y seguramente en muchos momentos lleno de rabia y aflicción, resurgió lo mejor que llevaba dentro: lo que le gustaba hacer con todo el alma y que la permitía viajar en sus recuerdos de forma libre y compartirlo con los demás.
¿Cómo surge esa relación entre Ana y Azorín?
Casualidad o disposición divina. Lo cierto es que en las sesiones que tenemos de terapia ocupacional se me ocurrió decirle a la responsable si podría impartir alguna charla porque tengo muchos temas interesantes que pueden resultar de interés, de entretenimiento. Entonces creé el ciclo sobre La pintura y los sentidos que gustó mucho y fue entonces cuando la terapeuta me preguntó si quería repetirlo en una librería de San Lorenzo de El Escorial. Así comenzó mi relación con Azorín.
Lo de la vista lo puedo tener claro, pero los demás sentidos ¿es algo metafórico?
Mira, yo tuve un estudiante ciego en Historia del Arte y me producía admiración la capacidad sensorial y la sensibilidad que tenía. Palpaba cualquier objeto y las cosas que le transmitían a mí ni se me hubieran ocurrido jamás. En la pintura sucede los mismo, está llena de sugerencias para los sentidos y si la complementas, la enriqueces.
Lo de la vista, es obvio. Con el tacto es relativamente sencillo ver, interpretar. La pintura no es lisa; si lleva carga de arena mejor. Pero, por ejemplo, con el oído escogí la obra de Camille Pissarro Rue Saint-Honoré l’après-midi. Effet de pluie, que acompañé para su interpretación con una música muy evocadora de Erik Sate -Aprás la Pluie-, coincidente en el tiempo de creación y en la intención de lo que iba, una tarde de lluvia…Para el olfato, encontré un cuadro de Caspar David Friedrich que es muy bonito, que se llama La mañana de Pascua, en el que se recrea a unas mujeres que van al cementerio, para lo cual busqué algo alusivo y lo encontré en el episodio bíblico en que las mujeres se dirigían a ungir el cuerpo de Jesús en la tumba, por lo que utilicé aceites esenciales para figurar que se pudiera oler la esencia del cuadro, Y para el gusto, que es el que tuvo más éxito, llevamos para degustar un pastel “ruso”, un delicatessen francés que se creó para celebrar la buena relación de la familia imperial rusa con Francia en el siglo XIX.
Dado el éxito que has tenido ¿qué preparas para la siguiente tanda de sesiones?
Estoy preparando otro ciclo. Hace años el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, nos pidió a un grupo de profesores preparar unos itinerarios, así que hice el de Los Interiores Domésticos. Se podría hablar de ellos entre los siglos XVI y XX porque es interesante ver a través de la pintura cómo evolucionan las decoraciones. Y, si me dejan, sería interesante: un cuadro, una etapa.
¿Te cuesta mucho preparar estas conferencias, Ana?
Es un trabajo tremendo -sonríe-. Pero no tremendo por prepararlo. Resulta tremendo por el ejercicio de purificación interior y de humildad que estoy teniendo que hacer, ya que pensé que todos mis trabajos los tenía perfectamente guardados en mi ordenador querido y no es así. Guardé muchos trabajos con nombres absurdos que no me dan una pista de dónde está lo que busco.
Has hablado de tus libros. ¿De qué libros se tratan?
Tengo varios. El de Los Interiores domésticos, que he mencionado. Pero también uno que me gustó mucho: Vida en imágenes de Ana de San Bartolomé que escribí por invitación de un monje vasco de la orden del Carmelo -Julen Urkiza-, y que narra la vida de esta beata, que, aunque hizo milagros, no se encontraron pruebas suficientes para santificarla. Es una mujer que tiene una vida de película. Pasó de ser campesina a ingresar en el convento de las Carmelitas Descalzas en Ávila; que fue ayudante y confidente de Santa Teresa de Jesús -de hecho, murió en sus brazos- y que, posteriormente, inició una campaña de evangelización de la fe del Carmelo por Francia y Países Bajos, donde fundó en Amberes un convento que todavía existe, y a quien los Tercios de Flandes pedían su bendición o alguna reliquia antes de ir al frente, pues causaba mucha admiración por su determinación. Fue toda una labor encontrar los dibujos preparatorios de los grabados para su ilustración. De hecho, en los inicios, consulté a un especialista en grabados y me dijo que encontrarlos sería casi milagroso. Como ratones de biblioteca, logramos saber que se hicieron en Andalucía en el que, al parecer, era en la época el lugar más importante de grabados de Europa. Pero a este libro no se le dio ninguna publicidad y quién sabe dónde estará.
¿Quizás para un tercer ciclo de tertulias?…




